Hamilton coge carrerilla con el mejor tiempo; Sainz saldrá noveno

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Cuando los ejecutivos de Liberty Media, la compañía titular de los derechos de explotación del Mundial de Fórmula 1, proyectaron la primera fase del calendario condicionado por el coronavirus confiaban en que las restricciones de los países que iba a visitar el certamen fueran suavizándose con el paso de las semanas. Pues bien, eso será en todo caso a partir de la cuarta carrera del curso, prevista para el 2 de agosto en Silverstone. En la tercera, que si todo va bien se celebrará este domingo en Hungría, los miembros del paddock, especialmente aquellos que tienen pasaporte británico o de países no europeos, vivirán un auténtico encierro. En las dos primeras pruebas que abrieron el campeonato, en Austria, las 1.700 personas acreditadas tenían libertad de movimiento. Desde que llegaron a Budapest viven entre dos escenarios: el circuito o la habitación de su hotel.Hungría es uno de los países de Europa en los que el coronavirus ha tenido una menor propagación. Los casos confirmados no llegan a los 4.300, y de ellos se han curado más de 3.100. Por eso, ante el desembarco de una caravana de lo más colorida y heterogénea el gobierno ha impuesto un régimen prácticamente de cuartel militar para los británicos y los no europeos. Este colectivo solo podrá permanecer en el trazado durante las horas establecidas para realizar su actividad laboral. Cuando termine su jornada, cada uno de ellos deberá marcharse directamente al hotel y encerrarse en su habitación. No podrán ver a nadie ni detenerse durante el trayecto, y evidentemente tendrán terminantemente prohibido utilizar el transporte público.Según anunciaron la semana pasada las autoridades, quien se salte el arresto se expone a tener que pagar una multa de hasta 15.000 euros o incluso a terminar durmiendo en la cárcel. Ni siquiera los pilotos se librarán de ese escrupuloso marcaje al hombre: Lewis Hamilton, que ya se pasó las dos últimas semanas encerrado en una motorhome aparcada en el mismo circuito de Red Bull Ring, en Salzburgo, tiene previsto volver a recurrir a una caravana que ubicará en algún rincón del de Hungaroring. Christian Horner, jefe de Red Bull, no esconde el estrés extra que supone para los técnicos y mecánicos las excepcionales condiciones laborales en las que se han desenvuelto en las últimas tres semanas. Al mismo tiempo, subraya que lo más importante es que los coches han vuelto a la pista. “Es duro para ellos. Pero nos hemos pasado tres meses en casa, y creo que cualquier de nosotros habría firmado regresar en estas condiciones”, declara Horner, muy en la línea de Andreas Seidl, su homólogo en McLaren. “No creo que el encierro en el hotel sea lo peor. Todos sabemos que hay que seguir las directrices que nos han marcado, y todos sabemos lo importante de que las carreras se sucedan”, añade el alemán.Los ejecutivos de Liberty Media trataron de validar una especie de corredor para que todo el personal del Mundial tuviera una entrada menos traumática a Hungría, pero la iniciativa no cuajó tan bien como, por ejemplo, con vistas al Gran Premio de Gran Bretaña. Según un comunicado emitido por el promotor, hasta ahora se han llevado a cabo alrededor de 9.500 test de coronavirus, y todos ellos han dado resultado negativo. Antes de la carrera inaugural, en Austria, se hicieron 4.000 exámenes, y entre la primera y la segunda, otros 4.500. El protocolo aplicado específicamente para todo el personal que trabaja en el paddock ha demostrado su eficacia, aunque los encargados de dirigir el gran circo están convencidos de que en algún momento habrá alguna grieta. “Es increíble que saliéramos victoriosos, sin un solo caso positivo, por segundo fin de semana consecutivo. Pero habrá positivos, de eso estoy seguro. Lo que tendríamos que hacer si hay alguno sería actuar en consecuencia para que tengan el menor impacto posible”, remacha Ross Brown, director general de la F1.

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