Ahora es el momento: tres ejemplos de digitalización para las pymes

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Para muchas pymes, es el momento de reinventarse mediante la digitalización. Y a pesar de la mala situación económica hay motivos para apostar por el futuro: las infraestructuras de telecomunicaciones no son un obstáculo, los programas de recuperación de la UE aportarán un impulso adicional y grandes empresas como Santander, considerado por Euromoney el mejor banco para las pymes en Europa occidental y Latinoamérica, ayudan a la digitalización de los pequeños y medianos negocios mucho más allá de la financiación.

El camino por recorrer es largo. Prácticamente una de cada cuatro empresas españolas (el 22,4%) carece de internet, y solo el 33,9% realiza comercio online; porcentaje que baja al 17% si hablamos de microempresas. Los datos del informe e-Pyme 2019, realizado por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y Sociedad de la Información (ONTSI) y presentado el pasado mes, dejan claro que el tejido corporativo español, compuesto en un 99,84% por pymes, aún tiene que avanzar mucho en su digitalización.

Pero el informe del ONTSI, organismo que depende del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, también da motivos para el optimismo. Por ejemplo, señala a España como uno de los mejores países de Europa, solo superado por Suecia, en cuanto a las infraestructuras de Tecnologías de Información. Los confinamientos domiciliarios por la pandemia están demostrando esa fortaleza de las redes. Y, al mismo tiempo, han acelerado el proceso de transformación de las pymes.

La importancia del comercio online

¿Cuáles son los principales retos que afrontan las pymes al digitalizarse? ¿Por qué, al menos en apariencia, muchas empresas recelan de estos procesos? ¿Y qué beneficios pueden obtener si se deciden? En las próximas semanas, Radar Pyme, una iniciativa de El País Retina con la colaboración de Santander, analizará los principales retos de las pequeñas y medianas empresas desde diferentes perspectivas; tal vez la más decisiva sea la digitalización.

Iría Rodríguez es la directora general de Cafés La Mexicana, una empresa familiar con 18 tiendas, la mayor parte de ellas en Madrid, y 50 empleados. Su proceso de digitalización arranca en la década de los noventa, cuando introdujeron su primer sistema de planificación de recursos (ERP por sus siglas en inglés, Enterprise Resource Planning), y “muchos en la empresa pensaron que venía el diablo”.

Cuando arrancó nuestro proceso de digitalización, muchos en la empresa pensaron que venía el diablo

Iría Rodríguez, directora general de Cafés La Mexicana

Lo que vendría, muchos años después, fue una pandemia, y entonces agradecieron los primeros pasos de hace treinta años y, sobre todo, el inicio de la venta online, en 2013. En marzo sufrieron las estrecheces de la cadena logística, que poco a poco recuperó la normalidad y les permitió aumentar significativamente la venta online, aunque Rodríguez se niega a dar cifras. Una pista: “En tres meses completamos nuestra planificación para tres años, pero vamos a trabajar mucho en nuestra red física, que para nosotros es esencial”. Para mejorar la integración en la gestión de la tienda y el online, confían ahora en un nuevo ERP.

La digitalización también ha permitido a Cafés La Mexicana teletrabajar sin mayores complicaciones. No obstante, la directora general reconoce que parte de la plantilla se resiste al proceso de digitalización de las operaciones: “En fábrica hay personas que no utilizan jamás un ordenador, y les cuesta”.

Como La Mexicana, Interflora España también ha respirado estos meses gracias al comercio online, que, según su director general, Eduardo González, ya supone el 80% de su negocio. Las ventas digitales han crecido un 50%, asegura, y el resultado es que, en un año tan malo como 2020, calcula un aumento de la facturación del 20%, hasta los 24 millones de euros.

El nacimiento de Interflora -una marca global, pero una empresa 100% independiente en España- ya tuvo mucho que ver con la tecnología: surgió en el siglo XIX, cuando la invención del telégrafo permitió empezar a mandar flores sin que las flores viajasen. Por lo que explica González, la nube es tan importante ahora como el aparato para transmitir señales eléctricas hace casi 200 años.

“Este es un negocio con muchos picos en la demanda, como el día de los enamorados y el de la madre, lo que nos exige una capacidad informática que luego no necesitamos. Trabajamos desde 2014 con la tecnología ‘cloud’, y nos da una flexibilidad de negocio impresionante; modulas el uso de los servidores, según tus necesidades, como si fuese el volumen de una radio”, explica. Según el informe de ONTSI, con datos de 2019, solo un 11,5% de las empresas españoles conectadas a internet recurre al cloud computing.

Digitalización: así aceleró la pandemia un proceso progresivo

El sentido común y las inversiones que hay que acometer recomiendan que el proceso de digitalización sea progresivo, pero a veces las circunstancias obligan a acelerar hasta límites insospechados. Lo saben en Fibras Textil Sánchez, una pequeña empresa de Béjar (Salamanca) que se ha reconvertido totalmente durante la pandemia: ahora es conocida como Mascarillas Béjar, y ya no se dedica al textil de descanso (almohadas y cojines para conductores, por ejemplo), sino a este producto de primera necesidad, al menos mientras dure la pandemia.

“En marzo vimos como se paraba todo nuestro negocio tradicional, y en abril ya estábamos vendiendo mascarillas hechas en Béjar”, rememora Elsa Martínez, portavoz de la compañía. Para lograrlo, además de conseguir comprar máquinas en China y Taiwan, tuvieron que poner en marcha a toda velocidad una web con ecommerce, y afrontar incluso ataques online -“algún importador de medio pelo al que molestábamos, probablemente”, afirma Martínez-, en los que les señalaban como la simple tapadera de un fabricante asiático, sin nada que ver con Béjar.

En marzo vimos como se paraba todo nuestro negocio tradicional, y en abril ya estábamos vendiendo mascarillas hechas en Béjar. De repente, nos volvimos un fenómeno viral

Elsa Martínez, portavoz de Fibras Téxtil Sánchez

Corrieron entonces el riesgo de morir de éxito. “De repente, nos volvimos un fenómeno viral, y estábamos totalmente saturados de mails, de pedidos y de ataques. Además, nos dimos cuenta de que teníamos una brecha de ciberseguridad”. Recurrieron entonces a proveedores específicos de ciberseguridad y servicios en cloud, y lograron estabilizar la gestión.

Ahora producen un millón de mascarillas al día, han pasado de seis a casi 100 empleados y tienen la fábrica trabajando a tres turnos. ¿El futuro? “La mascarilla ha llegado para quedarse como hábito social, y además queremos sustituir a los proveedores chinos de clínicas dentales y estéticas. Puede que no lleguemos a la producción actual, pero desde luego hemos demostrado nuestra capacidad de adaptación”, dice Martínez.


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