Alcaraz lo hace todo y todo lo hace bien

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Carlos Alcaraz tendrá hoy la oportunidad de empezar a configurar un palmarés que, no me cabe la más mínima duda, en unos años será envidiable. La de este domingo será su primera gran final, la del Masters 1000 de Miami, y en el caso de que logre la victoria se convertirá en el primer español que inscriba su nombre en este prestigioso torneo. Curiosamente, esta también fue la primera final de un certamen de esta categoría que jugó mi sobrino. Y, seguramente, igual que nos sucedió a nosotros en su día, el episodio de hoy quedará grabado en la memoria del jugador murciano.

En aquella edición de 2005, Rafael confirmó que una plaza entre los mejores jugadores del planeta estaba reservada para él. Ahora es Carlos el que ha confirmado su irrupción definitiva en la élite del tenis mundial. He tenido la oportunidad de ver algunos de sus encuentros en estos últimos torneos y debo decir que su juego me ha dejado impresionado.

Su evolución en estos meses ha sido meteórica. Ha dejado de ser una promesa para convertirse en una firme realidad. Si en el último US Open su triunfo contra Stefanos Tsitsipas nos sorprendió a todos, actualmente sus victorias ya no extrañan a nadie. Ha mejorado en todos los aspectos de su juego, tanto a nivel físico como técnico. Lo hace todo y todo lo hace bien.

Se ha convertido en un jugador completo y muy difícil de desbordar. A su alta capacidad técnica le une una condición física extraordinaria. Tiene un juego rápido y potente difícilmente superable. Combina golpes demoledores con sutiles dejadas y posee el desparpajo necesario para atreverse a ejecutar los golpes más difíciles en los momentos más complicados.

Su trayectoria en este torneo no ha sido fácil. Aunque en algunos encuentros se ha desembarazado de sus rivales con autoridad, en otros ha tenido que exprimirse hasta el final. Y en estos hemos podido comprobar su alto grado de madurez, su afán de lucha y la fortaleza mental que atesora para enfrentarse a situaciones realmente complicadas.

El rival de hoy será Casper Ruud, cabeza de serie número seis y séptimo jugador mundial. A sus 23 años es ya un tenista claramente consolidado entre los mejores del mundo. El escandinavo plantea invariablemente su estrategia desde el fondo de la pista, con escasas incursiones a la red. Destaca por su solidez y sobre todo por su extraordinario golpe de derecha; una de las mejores del circuito, cargada de gran potencia y colocación, a lo que añade una excelente regularidad.

Aunque es un claro especialista en pistas de tierra batida (seis de sus siete títulos los ha conseguido en esta superficie), su juego en dura ha experimentado una gran mejoría en este último año. Su camino hasta esta ronda final, con la excepción del duelo de cuartos contra Alexander Zverev, ha sido realmente plácido. Se ha deshecho de todos sus rivales con extremada facilidad y solo el alemán logró arañarle un set.

El partido de este domingo, como es lógico presuponer, no será fácil para ninguno de los dos. Ambos están a las puertas de conseguir el que sería su mayor éxito. Y aunque uno y otro saben que, por su juventud, lo normal es que puedan disputar muchas otras finales de esta índole, también saben que el palmarés se construye aprovechando estas oportunidades y esto siempre tiende a tensar algo más de lo habitual. Probablemente, el que mejor temple sus nervios será el ganador.

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