EL PAÍS

Antimisiles para proteger infraestructuras y capaces de alcanzar más de 100 kilómetros: así son los Patriot que Ucrania aguarda de Estados Unidos

El tejado de la gasolinera todavía muestra las grietas del último ataque ruso, hace solo una semana, pero el parpadeo de sus neones destaca en la oscuridad de la noche en Kostiantinivka, sin apenas más luz que la de unos pocos generadores en un puñado de casas y comercios. Dentro, pese al boquete en el suelo que ha dejado un bombardeo, tres mujeres se acurrucan en una esquina para cargar sus teléfonos móviles y sorber sus capuchinos de máquina. Como gran parte de Ucrania, Kostiantinivka, en la región de Donetsk, a solo una veintena de kilómetros de la línea del frente y una ciudad que se ha convertido en un punto de abastecimiento de pueblos a la redonda, ha sufrido ataques contra sus infraestructuras críticas que ha dejado a la ciudad casi sin luz en pleno invierno.

Ahora, tras meses reclamando fórmulas para “cerrar los cielos” de Ucrania a los ataques aéreos constantes de Rusia, el presidente Volodímir Zelenski volverá de su viaje de Washington con una batería de defensa antiaérea y antimisiles Patriot apalabrados, uno de los sistemas más avanzados del mundo.

La batería Patriot y sus municiones, que a diferencia de otros sistemas proporcionados a Ucrania pueden interceptar y derribar los misiles balísticos de Rusia y también alcanzar objetivos mucho más lejanos —entre 40 y 160 kilómetros, según el tipo de misil utilizado—, será una de las armas occidentales más avanzadas que los aliados han entregado a Ucrania. Está incluida en el nuevo paquete de unos 1.850 millones de dólares en armas que Washington suministrará a Kiev y que también contiene morteros, munición adicional para sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad (HIMARS), lanzagranadas y armas pequeñas, municiones aéreas de precisión o blindados.

Rusia ha calificado la intención de desplegar los Patriot como una “provocación” y ha amenazado a Ucrania con lanzarse contra estos sistemas antimisiles que define como “objetivos legítimos”. Los Patriot están ya desplegados en 18 países, entre ellos varios de la OTAN, Israel o las fuerzas de Arabia Saudí y Emiratos Árabes en Yemen, y se considera como uno de los sistemas de defensa antiaérea y antimisiles más ansiado del mercado.

El envío de estos modernos sistemas móviles, que están generalmente diseñados para defender ciudades o infraestructuras críticas, había sido una de las líneas rojas que, hasta ahora, había marcado la Administración de Joe Biden en su apoyo a Kiev. Son muy caros: una sola batería cuesta alrededor de 1.000 millones de dólares y los misiles pueden costar varios millones cada uno —se calcula que un misil para Patriot cuesta tres veces más que uno para el sistema de misiles tierra-aire NASAMS, de los que Ucrania tiene dos—. También son relativamente escasos.

Sin embargo, los durísimos ataques aéreos de los últimos meses contra la infraestructura energética y civil ucrania en pleno invierno, que están ahondando todavía más el desastre humano en algunos puntos del país, y el acercamiento de Rusia a Irán y la perspectiva de que Teherán le suministre también misiles balísticos —además de los drones militares que Rusia ya usa en enjambres para atacar la infraestructura crítica— han inclinado a la Casa Blanca a cambiar de opinión.

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Todo ello se une a las evidencias de que la guerra se está alargando y a que las perspectivas de abrir la vía del diálogo no cuajan. Pese a los duros reveses que ha sufrido en el campo de batalla, la pésima moral de sus tropas —constatada por informes de inteligencia, testimonios de prisioneros y llamadas telefónicas interceptadas—, y el altísimo coste de la invasión y las sanciones, Putin está enrocado en mantener la guerra en marcha aunque ha reconocido que la situación, sobre todo en las regiones que Rusia mantiene ocupadas es “extremadamente difícil”.

Este miércoles, coincidiendo con la visita de Zelenski a Estados Unidos, el jefe de Kremlin ha asegurado que no hay “restricciones de financiación” para el Ejército ruso, que en realidad está mal equipado y que, en su mayoría, carece de buen entrenamiento, sobre todo los nuevos movilizados que Putin está preparando para alimentar un goteo de ataques que tienen un altísimo índice de bajas. “La patria, el Gobierno, dará todo lo que pida el Ejército. Todo”, ha asegurado Putin.

El sistema Patriot puede dar un respiro a la población, aunque no a corto plazo. Ucrania tiene varios modelos de sistemas de defensa antiaérea, pero mantiene todavía importantes carencias de defensa antimisiles, apunta Oleg Perlak, uno de los comandantes de la fuerza aérea del sur de Ucrania. “Los sistemas Patriot son muy efectivos para neutralizar prácticamente cualquier amenaza de misiles, aunque en la situación actual tan importante es la calidad como la cantidad”, asevera. “Necesitamos cerrar los cielos y necesitamos hacerlo ya”, remarca el militar.

Es poco probable, sin embargo, que la batería Patriot suponga un elemento decisivo inmediato en la guerra, opina Mark F. Cancian, asesor del programa internacional del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), una organización estadounidense. Una sola batería antimisiles con hasta ocho lanzadores como la que Washington prevé enviar a Kiev serviría solo para ayudar a proteger un área de Ucrania. Además, el sistema no está diseñado para derribar los enjambres de drones bombas iraníes que Rusia dispara con fruición. Los nuevos y modernos sistemas de defensa antimisiles no llegarán a Ucrania antes de primavera.

Ucrania necesita también armas ofensivas, municiones de largo alcance, drones armados, aviones de combate y tanques, como repite una y otra vez su cúpula militar en cada una de las visitas de líderes internacionales y en todas y cada una de las entrevistas. Kiev necesita más material para empujar a las tropas rusas en Donbás y para lanzar otra esperada contraofensiva en el flanco sur, tras recuperar la ciudad portuaria de Jersón. Y más con la perspectiva de una nueva ofensiva rusa a principios de 2023, como alerta la inteligencia ucrania; una afirmación que, sin embargo, ha suscitado ciertas dudas en las agencias occidentales.

El Gobierno de Zelenski y los aliados más insistentes en Europa —Polonia y los Bálticos— continúan reclamando a Estados Unidos armamento ofensivo más avanzado, como sistemas de largo alcance ATACMS, que podría alcanzar objetivos en Rusia, o drones armados Gray Eagle, que hasta ahora Washington ha rehusado proporcionar.

Los sistemas Patriot, que se emplearon contra misiles Scud de fabricación rusa durante la primera guerra del Golfo (1990-1991) y que han sido actualizados varias veces desde entonces, se componen de baterías móviles que incluyen un centro de comando, una estación de radar para detectar las amenazas y lanzadores. Su radar puede rastrear hasta 50 objetivos y ataca cinco de ellos a la vez, aunque se necesitan alrededor de 90 soldados para manejaros, según el CSIS, una organización especializada estadounidense. Las fuerzas estadounidenses entrenarán a los primeros soldados ucranios en el uso y el mantenimiento de estos sistemas antimisiles, probablemente en Alemania, apuntan fuentes de inteligencia occidental.

La entrega del sistema Patriot tiene también un importante componente simbólico. En Ucrania su envío se ve como una prueba de que Washington está dispuesto a mantener su apoyo. Y por ello, para garantizarlo, ha ideado Zelenski su viaje relámpago a Estados Unidos en su primera salida de Ucrania. Un viaje que se produce además tras su audaz y representativa visita a la ciudad de Bajmut, el punto más caliente de Donbás y donde se libran las batallas más sangrientas en las últimas semanas.

El nuevo anuncio de apoyo de Washington puede servir también de acicate para que otros aliados sigan el camino de Estados Unidos y envíen armas más avanzadas y de largo alcance, apuntan fuentes de inteligencia occidental. El sistema Patriot se unirá a otros sistemas de defensa aérea que los aliados occidentales han enviado a Ucrania, como los dos Sistemas Nacionales Avanzados de Misiles Tierra-Aire (NASAMS), enviados por EE UU; un sistema de defensa aérea S-300 entregado por Eslovaquia; o sistemas de lanzadores HAWK enviados por España y misiles para esa defensa antiaérea enviados por el Pentágono.

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