Aquí llega el comando suicida de liberación


Este jueves fue uno de esos días en que Wyoming les da la tarde libre a sus guionistas porque la actualidad le da el trabajo hecho, es imposible mejorarla, ya es graciosa así, como viene al mundo. El culebrón del PP ha tenido además esa virtud tan difícil de las buenas historias de alterar de pronto los papeles, y que el malo no sea el que creías, como en ¿Qué fue de Baby Jane? Ahora el papel de víctima es para Isabel Díaz Ayuso, que además de ser su favorito es el que más le favorece. Hasta ahora parecía la mala y Pablo Casado, si no el bueno, al menos el blando. La prensa de derechas ya le trataba como en su día a Rajoy, un pelele. Maricomplejines, no sé si lo recuerdan. Si no han escuchado últimamente a Federico Jiménez Losantos hablando de Casado y sobre todo de Teodoro García Egea, se lo recomiendo. Incluso si no votas al PP, te da un poco de reparo. Siempre llega un momento en que, en opinión de los gurús mediáticos de la derecha, un líder del partido no es lo suficientemente macarra. Es que les tiene que salir de dentro, lo tienes o no lo tienes. Casado se ha aplicado, es verdad, pero siempre se le nota que está actuando, no sabes cómo se va a levantar. Díaz Ayuso es un talento natural.

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Al margen del drama humano, que merece toda nuestra solidaridad, cómo negar que esto se ha animado. Es que no acababa de despegar el intento más ambicioso de spin off del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, que intentaba crear su propia serie. Pero de pronto hemos pasado a un proceso nunca visto de autodestrucción de un partido político. Con permiso de Ciudadanos, quizá el referente más claro es el comando suicida del frente del pueblo judaico de La vida de Bryan. Si recuerdan, aparecían unas temibles legiones de soldados y todos huían despavoridos. Como la derecha que avanza para la salvación del país. Pero llegaban al pie de Bryan, crucificado, desenvainaban la espada y se mataban allí mismo diciendo: “Así aprenderán estos romanos”. Bryan, que esperaba ser liberado, solo acierta a decir: “Imbéciles”. Es lo que estarán pensando sus votantes, España presa de Sánchez y esta gente con sus movidas cutres.

Hay otros elementos dignos de mención. Las cuidadas interpretaciones, nada menos que desde octubre, cuando ya se peleaban por el dosier, que tiene algo de antiguo y entrañable del bipartidismo. Y también mola eso de que lo haya filtrado La Moncloa, como dice la presidenta madrileña, porque sigue reservando a Pedro Sánchez el papel de malvado maquiavélico en la sombra, todo sigue siendo culpa suya, como la votación de la reforma laboral. Con todo, lo más arrebatador es el planteamiento argumental: un partido que pierde votos por la corrupción, cuyo Gobierno cae por la corrupción y en el que acaban matándose entre ellos por la corrupción. Y en todos los episodios diciendo que es todo mentira. Lo mejor son los guiños a Berlanga: el detective que contratan, lo primero que hace es ir a contárselo a un exministro de Rajoy. Esto deja muy mal al sector de los detectives, a ver quién les llama ahora si tu pareja te engaña, si se lo van a ir a contar. Pero el gran personaje es Vox, aún ausente, como Godot, que quizá se retrase porque ha encargado un volquete de botellas de champán. ¿Moraleja? Fuera de bromas, esto es grave, necesitamos un partido de derechas serio.

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