Bartomeu: del juicio por Neymar al burofax de Messi

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Bartomeu y Messi en la renovación del 10, en 2017.
Bartomeu y Messi en la renovación del 10, en 2017.HANDOUT / AFP

Durante un partido de baloncesto de su hijo con el colegio, un corrillo de padres le cuestionó hace unos meses a Josep Maria Bartomeu por la situación incómoda a la que se enfrentaba. Unos pocos socios del Barça comenzaban a impulsar una moción de censura contra su junta. “Me iré cuando quiera o me toque”, resolvió el presidente del Barça. Poco después, el 27 de octubre pasado, anunciaba su dimisión, perdedor ante una moción que se iba a celebrar ya que 20.687 firmas la avalaron. Así, el heredero en 2013 de la presidencia de Sandro Rosell —sentenciado por la polémica del fichaje de Neymar—, y ganador de las elecciones en 2015 por mayoría absoluta, se fue por las malas y dejando tantas sombras como enredos.

“Soy un trabajador silencioso, una persona a la que le gusta unir más que la ruptura y que busca el consenso, no la imposición”, se definió Bartomeu en una entrevista con EL PAÍS en 2015. Sin embargo, después de un sinfín de enredos, el voto de censura hizo estallar una crisis institucional que no cesa.

Su primera intervención como presidente fue para tratar de explicar los números de la contratación de Neymar. Después fue a juicio acusado de delito fiscal por participar en su fichaje. Rosell y Bartomeu fueron exculpados, pero el club quedó manchado. En un hecho sin precedentes, el Barcelona se declaró culpable en 2016 de dos delitos contra la Agencia Tributaria. Todavía sigue abierto otro proceso por el fichaje del brasileño, y a pesar de eso Bartomeu intentó el regreso del delantero al Camp Nou.

Los enredos empezaron después de despedir al director deportivo Andoni Zubizarreta, en enero de 2015. El equipo no funcionaba y crecía la tensión, al punto de que Messi y Luis Enrique casi llegaron a las manos. Bartomeu adelantó las elecciones a ese verano y arrasó porque Xavi medió entre el crack y el técnico y las piezas encajaron en el Barça para llevarse todos los títulos. “Tenemos triplete, tenemos tridente”, repetía su candidatura. A pesar de los conflictos en el seno del club, el equipo funcionaba. “Los resultados han aguantado al club”, resolvía Piqué, portavoz de una plantilla quemada con la gestión presidencial. Aunque aún faltaba un año para la explosión.

Antes, en 2019 y después de una jornada caótica en Cataluña tras las cargas policiales del 1-0 por la votación del referéndum de la independencia, Bartomeu decidió que se jugara el duelo ante Las Palmas a puerta cerrada. La decisión solo la discutió Piqué en el vestuario, pero le pasó factura. Dimitieron los directivos Carles Vilarrubí y Jordi Monés. Medio año después se marchó Manel Arroyo, responsable del área de márketing y comunicación, y le siguió la tesorera Susana Monje. Hace dos veranos, le tocó al vicepresidente deportivo Jordi Mestre tras aludir a “fuertes discrepancias internas”.

Cuando estalló el Barçagate, muchos directivos pidieron aclaraciones. Los pagos en cuestión se fraccionaron y se saltaron así los controles de varios responsables. El escándalo, unido a las tensas negociaciones por el ERTE con la plantilla del primer equipo, acabó con otras seis dimisiones, sobre todo porque Bartomeu les tildó de chivatos y contrarios a su gestión. Emili Rousaud, Enrique Tombas, Silvio Elías, Josep Pont, Maria Teixidor y Jordi Calsamiglia se despidieron.

Inestabilidad general

La inestabilidad afectó a todas las áreas. Bartomeu relevó a Ernesto Valverde por Quique Setién con el equipo líder. La temporada finalizó con el sonrojante 2-8 del Bayern. “Cuando te ficha te quiere con locura y te llama. Pero de un día para otro te deja de hablar y ya sabes que no acabará bien”, cuenta un extrabajador del área deportiva. En seis cursos ha tenido cinco directores deportivos (Zubizarreta, Robert Fernández, Pep Segura, Abidal y Ramon Planes) y cuatro directores de comunicación. Y se enemistó con Cruyff, Guardiola y Messi.

El 26 de agosto, el jugador argentino comunicó al club a través de un burofax su intención de acogerse a la cláusula que le permitía irse libre al final de cada temporada. Bartomeu alegó que la cláusula de escape había expirado el 10 de junio y, por tanto, el rosarino tenía contrato hasta junio de 2021 y una cláusula de rescisión de 700 millones. “Hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas”, se quejó Messi, que acusó a Bartomeu: “El presidente siempre dijo que yo al final de temporada podía decidir si me quería ir o si me quería quedar y al final no terminó cumpliendo su palabra”.

Por el camino, quedan 13 títulos (cuatro Ligas, cuatro Copas, dos Supercopas de España, una Champions, un Mundial de clubes y una Supercopa europea) y un convulso final de ciclo que ha dejado al club con 1.173 millones de deuda, una transición deportiva y un expresidente detenido.


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