Costa, más dudas que certezas desde su regreso

De los pocos amargores que dejó el
Atlético de Madrid

en su espectacular victoria en Anfield
Road para pasar a los cuartos de final de la Liga de Campeones
, antes de que el fútbol internacional parase a cuenta del drama del coronavirus. Nos referimos a lo sucedido con Diego
Costa. Y no por el desempeño precisamente sobre el campo del delantero de Lagarto.



Porque en el fondo, brillar más o menos va por días y los aficionados del equipo rojiblanco lo asumen. Uno no puede estar siempre a un nivel top y en su caso aún con más razón después de trabajar duramente para recuperarse de una dura operación de hernia cervical. En su caso, ya decimos, el borrón no llegó del lado del juego, sino de ese epílogo final que el jugador le quiso poner a su cambio en Anfield
Road.

Era su primer partido de titular desde que volviese por la citada operación, justo para el choque de ida de la eliminatoria con el cuadro inglés. El hispano-brasileño se había matado en su recuperación para estar listo, algo que hay que reconocerle. Anfield era su primera prueba de inicio y estuvo en el campo durante 56 minutos.

En ese momento, el Cholo le cambió por Marcos
Llorente, que a la postre fue el héroe del partido con dos goles. Desde el punto de vista del resultado, incuestionable la sustitución. Como ha pasado tantas veces en la etapa de Simeone, los cambios le dieron vuelta al partido. El caso es que el de Lagarto no asumió bien el cambio, quizás pensó que con 1-0 en contra era más necesario que nunca. Quizás se veía con fuerza para seguir. La realidad es que no ocultó su enfado tras en el cambio, se fue al banquillo maldiciendo en arameo, le pegó una patada a una botella y ‘machacó’ a puñetazos uno de los asientos.

[+] Así fue el monumental enfado de Costa

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El asunto quedó opacado por la machada final del Atlético, con dos goles del citado Llorente y uno más de Álvaro Morata, que por cierto lo marcó estando lesionado, circunstancia que hará que tenga que parar casi un mes. Simeone, que al final es el que decide, entendió que necesitaba esa capacidad de trasladar el balón que tiene Llorente y esa fuerza física que gasta el madrileño. No se equivocó. Desde lo deportivo parecía justificada la decisión.

SUS NÚMEROS EN ANFIELD

Costa había tirado una sola vez en todo el partido… y había sido en el primer minuto de encuentro. Aquella jugada con un glorioso desmarque del delantero que sólo el talento de Joao Félix pudo ver con un pase de tiralíneas para que el atacante cruzase en demasía, perdiendo en velocidad la ventaja con la que contaba. Más allá de eso, de la pelea e intimidar, poco más reseñable. Falló la mitad de los pases que dio (cinco de diez), ganó el único regate que intentó, le robaron tres balones más, hizo una falta… Donde brilló, como siempre suele, es en la pelea. Ganó cinco de los siete duelos aéreos que intentó, un 63% de acierto.

El atacante compartió con el resto de compañeros la alegría sobre el pase a la siguiente ronda. Sobre el césped de Anfield, Simeone fue uno por uno abrazando a sus hombres. También a él, claro, si alguien entiende esos arranques de carácter es el Cholo. Y el asunto podría haber acabado ahí, pero la falta de sensibilidad le jugó una mala pasada al rojiblanco en la zona mixta. Él es un bromista perpetuo como se puede ver en los entrenamientos. Pero en este caso midió mal y tuvo una chanza que le costó la reprobación de muchos. En su salida, mientras los compañeros atendían a los medios de comunicación, él hacía que tosía a los periodistas presentes, en un momento especialmente delicado a cuenta del coronavirus.

En un momento dramático con más de 150.000 infectados en el mundo y camino ya de los 6.000 fallecidos por causas asociadas a este fenómeno, la ocurrencia del jugador quizás no fue la más adecuada.

MÁS DUDAS QUE CERTEZAS

El Atlético de Madrid ya intentó fichar un delantero top el pasado mercado de invierno en la figura de Cavani. Una circunstancia que sumada a todo lo que hay alrededor de la figura de Costa, hace pensar que el próximo verano se volverá a dar un caso similar y habrá que ver qué sucede con el jugador hispano-brasileño, porque desde su vuelta al club, por unas circunstancias u otras no ha terminado de alcanzar el nivel que tuvo en la primera etapa, cuando se quiso marchar al Chelsea.

No ha tenido suerte el delantero desde que volviese, en 2018 al equipo colchonero. Lesiones, sanciones, polémicas… De los 123 partidos que podría haber disputado con el equipo rojiblanco, se perdió 56 de ellos por lesión y sanción. Un 45,4% de los partidos, cercano a la mitad.

Su mejor momento tras su vuelta los dos goles de la Supercopa de Europa ante el Real
Madrid. El de Lagarto fue clave para el Atlético en ese tramo de curso y parecía que sería su año en el curso pasado pero no lo fue. Un esguince, tres lesiones musculares, una operación en el pie, otra de hernia discal… Su sanción ocho partidos de suspensión tras su expulsión con roja directa en el encuentro ante el FC Barcelona en el Camp Nou después de que el hispano-brasileño fue expulsado en el minuto 28 del choque por Gil Manzano, según el colegiado, por un grave insulto que el futbolista negó. Un episodio de ausencia no justificada en un entrenamiento por estar en desacuerdo con la sanción interna del club precisamente por este asunto, una multa de Hacienda… Demasiado ruido alrededor de un jugador que desde su vuelta en 2018 suma 14 goles y 11 asistencias en 63 partidos disputados. Si vemos que lleva 4.325 minutos en esta segunda etapa, marca un gol cada casi 309 minutos o lo que es lo mismo cada tres partidos y medio que ha podido jugar. O si cogemos el global de todos los que podría haber disputado de no haber tenido contratiempos, uno gol cada 11,4 partidos.


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