Del temor de un brote en la selección al alivio de los negativos

Las celebraciones en la concentración de la selección española a cinco días de su estreno en la Eurocopa 2020 no se producen por los goles en el último amistoso que debían haber jugado los seleccionados para aumentar confianza en la definición, ni por el momento de forma de un internacional. Llegan, con altas dosis de alivio, cuando se reciben los resultados de los test PCR, todos negativos, que frenan el temor a un brote.

Desde que en la noche del domingo se cambiara el paso con el positivo por coronavirus de
Sergio Busquets, los acontecimientos han impedido la preparación adecuada de un gran torneo. La tensión se masca en la Ciudad del Fútbol. La actividad es frenética. Las reuniones. La toma de decisiones dentro de una burbuja que ha estado a punto de saltar por los aires cuando en la noche del martes se sumó Diego Llorente como segundo contratiempo inesperado.

Las medidas que tomó la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y las pautas marcadas a los internacionales invitaban a pensar en una preparación perfecta. El problema estuvo en la semana de vacaciones que tuvo la mayoría de los internacionales. Una vez sumados a la concentración se eliminó el contacto con el exterior, se prohibieron encuentros familiares, quedadas con amigos en los días libres pautados. Solo hubo una concesión y medida al detalle. La comida en un restaurante cercano, en el exterior en mesas de cuatro y sin contacto con nadie externo al equipo.

Durante días se trabajó en numerosos cambios en la residencia de la Ciudad del Fútbol y en la zona de trabajo para estar prevenidos. Las máquinas del gimnasio en el exterior para el trabajo de fuerza, punto y final a las comidas en dos grandes mesas donde se repartían todos los internacionales. Cada uno desayunaría, comería y cenaría en su mesa, midiendo hasta el número de jugadores que eligen su comida a la vez en el autoservicio.

Digerido el susto de la noche del martes, cuando se confirmó el segundo positivo, Diego Llorente, y se tuvo que hacer un antígenos a un jugador que había dado un resultado no concluyente, el miércoles cambió la dinámica de malas noticias. A primera hora de la mañana todos los internacionales -los 22 de la burbuja principal más los once Sub-21 que se quedan junto a Kepa, Raúl Albiol, Pablo Fornals, Carlos Soler, Brais Méndez y Rodrigo Moreno en la paralela- se sometían a los PCR de UEFA en un día clave.

El trabajo sigue siendo individualizado a cinco días del estreno. La esperanza de Luis Enrique pasa por poder entrenar ya en grupo el viernes una vez se vaya superando la pesadilla. Se recibía con satisfacción la aprobación de las vacunas tras la petición del Ministerio de Cultura y Deportes. El Ministerio de Sanidad seguirá el mismo protocolo que con los deportistas olímpicos.

En la Federación lamentan que no prosperase su primera petición y los jugadores llevasen vacunados un mes, como otras selecciones. Con terror por lo que supondría un tercer positivo y que se considerase brote de coronavirus, dentro de la selección hay tranquilidad con la mitad de los 22 seleccionados que quedan. Algunos ya vacunados con anterioridad, otros con anticuerpos o inmunizados. El miedo radica en once jugadores que han convivido con Busquets y Diego Llorente.

El Ejército será el encargado de inmunizar con la vacuna Pfizer a los internacionales. Las voces de médicos ofrecen distintas versiones y quedan dudas por despejar. Por rango de edad unos descartan la Janssen, aunque la necesidad de dos dosis de la que recibirán, pone en duda la efectividad por plazos. España será vacunada a tres días de su estreno y alcanzará la máxima inmunización 28 días después, quien sabe si aún en el torneo.

“Con los olímpicos se ha hecho con tiempo y tiene más sentido. Ahora no va a ser cien por cien efectivo y pueden tener efectos secundarios”, advierte a Efe la jefa de urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés.

“Pfizer son dos dosis separadas por 21 días y la máxima inmunización se consigue a los 28 días. Entre medias generan inmunidad pero no la máxima. Janssen es una dosis y a los catorce días se tiene máxima inmunización”, explica.

Un riesgo que se corre son los “efectos generales” que puede provocar la vacunación. Se recomienda no hacer grandes esfuerzos en las horas previas del pinchazo y serán clave las 24-48 horas posteriores. “La postinyección puede provocar fiebre, cefalea y escalofríos que afectarían negativamente al rendimiento. Es mejor no entrenar”, añade el médico Luis Díaz del mismo hospital. Eso no será viable con los internacionales y se espera que todos entren dentro del porcentaje mayoritario que no presenta reacción alguna.

La Ciudad del Fútbol se bunqueriza, se tapa cualquier espacio desde donde se pueda grabar desde el exterior con grandes lonas. La incertidumbre se va rebajando, Luis Enrique
tendrá hasta el lunes para decidir si espera a Busquets y Diego Llorente, aunque anunciará antes su decisión y los que fuesen elegidos de la burbuja paralela. El jueves toma la palabra con una comparecencia telemática mientras se van dando pasos hacia el regreso de una deseada normalidad.


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