El cómico que llegó a presidente, en el foco del ‘impeachment’ a Trump



El estreno del presidente Volodimir Zelenski en las grandes ligas no podía haber sido más sonoro. El ucranio, un actor sin experiencia política que arrasó en las elecciones del pasado abril, está en el ojo del huracán desde que la conversación telefónica que mantuvo con Donald Trump en julio se ha convertido en el arma de los demócratas para impulsar el impeachment del presidente estadounidense. Pero esa charla, en la que Trump le pide como un “favor” que investigue a su principal rival político, Joe Biden, y a su hijo, con negocios en Kiev, también puede tener un coste para el ucranio. La transcripción de la llamada, en la que Zelenski se muestra elogioso y complaciente con Trump y comparte sus críticas hacia Alemania y Francia por no hacer suficiente para resolver la crisis ucrania, no le deja del todo bien parado a ojos de la diplomacia occidental. También ha dado munición a sus críticos internos.

El antiguo comediante se encuentra ahora en una situación que nada tiene de divertida. Ucrania, de importancia geoestratégica para Occidente, tiene desde hace cinco años una guerra abierta con grupos separatistas apoyados por el Kremlin en que la que han muerto ya 13.000 personas, según la ONU. El país, de 44,8 millones de habitantes y uno de los más pobres de Europa, depende seriamente del apoyo financiero de la UE. También de Estados Unidos. Un sostén fruto del consenso bipartidista que también puede salir perjudicado en este caso.
Washington ayuda a Kiev desde el derrumbe de la URSS, pero sus aportaciones —sobre todo en forma de préstamos— aumentaron en 2014, después de que Rusia se anexionase la península ucrania de Crimea, desatando una oleada de sanciones occidentales contra Moscú. Entre 2016 y 2017 EE UU aportó unos 400 millones de dólares, que Ucrania destinó a programas de inteligencia, seguridad cibernética, equipamiento y proyectos contra la corrupción que lastra el país. Trump ha reconocido que bloqueó durante semanas parte de los fondos para este año: unos 228 millones de euros en asistencia militar (es el único país occidental que le proporciona ayuda para material de defensa, incluido armamento).
Así que esa dependencia, advierte Aliona Getmanchuk, directora del think tank New Europe Center de Kiev, sitúa al líder ucranio en una delicada situación con Estados Unidos, donde necesita también el apoyo de los demócratas, que pueden sentirse irritados con su comportamiento. El miércoles, en una extraña comparecencia junto al presidente de EE UU en los márgenes de la Asamblea General de Naciones Unidas, Zelenski declaró que “nadie” le había presionado. “En otras palabras, no hubo presiones”, zanjó el estadounidense interrumpiéndole.


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Zelenski y Trump ante la prensa en Nueva York, este miércoles. SAUL LOEB AFP

Para muchos, sin embargo, la presión está implícita en ese favor solicitado y en la situación de debilidad de Ucrania. De la transcripción desclasificada —que no es literal— se desprende que Zelenski ha vadeado, en parte, la corriente con el caso Biden. A lo que fundamentalmente se compromete el ucranio es a investigar a la empresa en la que trabajaba el hijo de Biden, la gran compañía gasista Burisma, que ya ha sido objetivo antes de distintas pesquisas, pero que siempre han naufragado. Pero todo lo que pase con este asunto a partir de ahora se ha vuelto tóxico. Sobre todo después de que el agente de inteligencia estadounidense que dio la voz de alarma sobre la controvertida conversación relatase en una carta hecha pública este jueves que el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, se ha reunido en distintas ocasiones y lugares con varios miembros del equipo de Zelenski para tratar el caso Biden.
Zelenski y su Gabinete han intentado mostrarse discretos sobre la que se conoce ya como trama ucrania. Su equipo había hecho muchos esfuerzos durante meses para lograr un mayor contacto con EE UU, y una visita por todo lo alto a Trump en Washington —y eso incluye las ahora polémicas citas de sus asesores con Giuliani, que este aprovechó para tratar de dar alas a un caso contra el exvicepresidente—, que habrían dotado al presidente ucranio de una todavía mayor popularidad en casa. Todo para terminar ahora tratando de alejarse de los focos. “No quiero involucrarme en las elecciones demócratas abiertas de EE UU”, dijo Zelenski el jueves. Con el terremoto político en pleno movimiento, el presidente ucranio comentó después a varios periodistas que las conversaciones entre dos mandatarios no deberían publicarse por razones geoestratégicas. También reconoció que pensaba que solo iba a difundirse la parte de Trump.
En Kiev, la trama ucrania no ha tenido mucho eco en los medios. Pero para un hombre que arrasó en las elecciones de abril con un discurso antiestablishment y contra la corrupción, el comentario a Trump en el que asegura que el próximo fiscal general de Ucrania será una persona “100%” suya –“mi candidato”—no suena bien. Y menos en boca de Zelenski, que ya se ha enfrentado a un escrutinio por sus vínculos con el oligarca Igor Kolomoiski, envuelto en un escándalo financiero que preocupa al Fondo Monetario Internacional. La organización, cuyo sostén es vital para el país del este, abandonó Kiev esta semana sin llegar a un acuerdo; y lo hizo principalmente por la preocupación por los lazos con el banco que posee Kolomoiski.
Todo el escándalo es oro para la oposición. Solidaridad Europea, el partido del expresidente Petró Poroshenko, derrotado el pasado abril, ha criticado la actuación de Zelenski por “poner en riesgo” la imagen internacional de Ucrania y le ha acusado de no tener el nivel suficiente para bregar en el tablero de la geopolítica mundial. “La diplomacia y las relaciones internacionales no perdonan el amateurismo, necesitan una actitud reflexiva y un enfoque profesional”, dicen en un comunicado.
Zelenski, sin embargo, sigue dominando ampliamente todas las encuestas sobre su gestión en Ucrania. “Esto no afectará a su popularidad, la mayoría de ucranios creen que Zelenski y el país han sido arrastrados a un conflicto interno”, señala el analista Vladimir Fesenko, del grupo Penta, con sede en Kiev. Y muchos ciudadanos comparten su visión de que Francia y, sobre todo, Alemania, muy criticada por sus acuerdos gasistas con Moscú, no han hecho lo suficiente para ayudar a resolver la crisis en el este.
“Las relaciones con los líderes europeos, especialmente con Angela Merkel, pueden sufrir algunas complicaciones, pero nada serio”, vaticina Fesenko. El ucranio intentó suavizar las cosas con Emmanuel Macron y con la canciller alemana. “No quiero decir nada malo de nadie. Agradecemos a todos los que nos ayudan”, aseguró el miércoles. Y apuntó que la conversación con Trump se había producido en un “periodo muy difícil” para Ucrania.
París y Berlín, capitales clave además en las negociaciones de Minsk para la paz en el este de Ucrania, han eludido comentar las alusiones de Zelenski. Aunque el Ministerio de Exteriores alemán difundió a varias agencias cifras que desmienten el poco apoyo del que habla Zelenski: unos 1.200 millones de ayuda directa desde 2014. Y la UE ha insuflado unos 15.000 millones de euros en préstamos y subvenciones a Ucrania en cinco años.
El escándalo de la trama ucrania ha puesto el país del este en el mapa para muchos estadounidenses. El miércoles, antes de que se divulgase la transcripción de la controvertida llamada, el exministro de Exteriores ucranio Pavel Klimki ironizaba sobre el papel de Kiev en el mundo: “Independientemente de lo que pase en el futuro, Ucrania permanecerá en la historia de Estados Unidos como el país que inició un proceso de destitución presidencial. No es una perspectiva muy divertida, pero ahora todos saben de lo que somos capaces”.


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