El estremecedor ‘beso’ geológico que pone en riesgo sísmico a 14 millones de españoles

El acercamiento constante del continente africano a Europa, como si fuera un beso geológico, es el motor de los seísmos en el sur de la Península. Pero la gasolina del enjambre de movimientos telúricos sufridos en Granada a partir del 23 de enero y de otros terremotos que se registran en la franja meridional española la aportan las múltiples fallas (fracturas del terreno) que se suman a las características del suelo. Todo ello agrava los temblores, aunque geológicamente se consideren de poca intensidad. Estas circunstancias hacen que más de 14 millones de españoles vivan en áreas de riesgo alto o muy alto. La historia de seísmos lo confirma. El registro de terremotos a lo largo de un milenio define un mapa de peligro en torno a los bordes de las placas continentales, la costa Este y los Pirineos.

La península Ibérica está situada en la confluencia de la Dorsal Media del Atlántico, una cordillera volcánica que divide el océano de norte a sur, la placa euroasiática y la africana. Las dos últimas se aproximan cada año entre cuatro y cinco milímetros, según Jesús Galindo Zaldívar, profesor y catedrático de la Universidad de Granada.


Mil años de terremotos

en la Península Ibérica

Terremotos superiores a magnitud 3 documentados

y medidos desde el año 1048 a 2015.

Lorca. Terremoto

de 2011 (magnitud 5)

Fuente: Instituto Geográfico Nacional

Mil años de terremotos

en la Península Ibérica

Terremotos superiores a magnitud 3 documentados

y medidos desde el año 1048 a 2015.

Lorca. Terremoto

de 2011 (magnitud 5)

Fuente: Instituto Geográfico Nacional

Mil años de terremotos en la Península Ibérica

Terremotos superiores a magnitud 3 documentados y medidos desde el año 1048 a 2015.

Lorca. Terremoto

de 2011 (magnitud 5)

Fuente: Instituto Geográfico Nacional

Mil años de terremotos

en la Península Ibérica

Terremotos superiores a magnitud 3

documentados y medidos desde

el año 1048 a 2015 .

Lorca. Terremoto

de 2011 (magnitud 5)

Fuente: Instituto Geográfico Nacional

Pero ese beso geológico es solo el origen del estremecimiento de la Península. Desde el 2 de diciembre de 2020 hasta el 27 de enero del presente año, la Red Sísmica Nacional registró más de 430 terremotos de magnitudes de entre 3 y 4,5 en el área de Atarfe, junto a la capital de Granada, según el informe de los investigadores Julián García-Mayordomo y Raúl Pérez López para el Instituto Geológico y Minero de España (IGME). El movimiento de las placas (fragmentos relativamente rígidos) y la deformación de la litosfera producen un campo de esfuerzos tectónicos que repercuten en las fallas, esas fracturas de la tierra que se distribuyen por la Península; especialmente desde Lisboa a Ourense, y por todo el arco mediterráneo y en la frontera con Francia.

Raúl Pérez, geólogo y sismólogo e investigador del IGME, explica que “las fallas disparan los terremotos, como el de magnitud superior a 5 que se registró en Lorca (Murcia) en 2011. En Granada”, añade, “dos fallas distintas, la de Santa Fe y la de Pinos Puente, se han estimulado entre sí”. Coincide con esa opinión la geóloga y también investigadora del IGME Ana Ruiz Constán, quien resume que “el acercamiento de las placas tectónicas ha sido el motor”, si bien en Granada ha sido fundamental la existencia de fallas asociadas.


Cadena de seísmos del 1 de diciembre

de 2020 al 27 de enero de 2021

Fuente: Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Cadena de seísmos del 1 de diciembre

de 2020 al 27 de enero de 2021

Fuente: Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Cadena de seísmos del 1 de diciembre de 2020 al 27 de enero de 2021

Fuente: Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Cadena de seísmos del 1 de diciembre de 2020 al 27 de enero de 2021

Fuente: Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

A esta circunstancia se han sumado las características peculiares del terreno. “La zona”, añade Raúl Pérez, “es una cuenca de tres kilómetros de profundidad con depósitos de lagos y ríos de hace cinco millones de años. Esas capas de material sedimentario son susceptibles de ampliar los efectos de los terremotos, como sucede en Ciudad de México”.

A partir de las peculiaridades geológicas, España concentra una extensa “zona caliente”, según la califica este sismólogo. Y abarca desde Huelva hasta Alicante, los Pirineos y una parte de Galicia. En estas áreas, con una población superior a los 14 millones de habitantes, los riesgos de sufrir terremotos son altos, aunque la frecuencia de seísmos grandes resulta menor. “La velocidad de deformación”, señala Pérez, “es lenta y ocurren pocos y espaciados”. Ruiz Constán añade por su parte: “Andalucía y el Este peninsular se encuentran en el límite de las placas, pero la sismicidad es difusa”.

Esta geóloga resalta que el área de riesgo, al compartir características geológicas, se extiende por el norte de África; y lo avala con los datos sismológicos que se registran en áreas como la de Alhucemas, en la zona septentrional de Marruecos: “Las zonas de relieve de la cordillera Bética tienen continuidad en el norte africano”, explica en relación con el Arco de Gibraltar, la región geológica que abarca desde la mencionada cadena andaluza, el mar de Alborán, el Estrecho y el Rif marroquí. Sumando todas las áreas afectadas de la península Ibérica y el norte de Marruecos, la población que vive en situación de riesgo sísmico supera los 19 millones de personas.

La amplia zona habitada y con riesgo de sufrir terremotos obliga a buscar mecanismos de predicción y prevención que reduzcan los efectos de los movimientos naturales de la Tierra desde su formación geológica. Según Ruiz Constán, “por las magnitudes registradas, las fallas asociadas, la recurrencia y otros datos geodésicos, se pueden esperar terremotos de hasta magnitud seis”.

Pero los sismólogos coinciden en que aún no se ha conseguido definir los precursores de un movimiento sísmico. Raúl Ruiz admite: “El campo de esfuerzo, la aceleración, las rupturas o las marcas nos permiten aproximarnos, pero no sabemos cuándo va a haber un terremoto o si va a ser grande”.

Este sismólogo destaca que, en cualquier caso, la clave de los sucesos registrados en Granada y los próximos que se producirán es la “presencia de gente vulnerable que requiere respuestas, una preparación acorde al grado de exposición”: “La magnitud de un terremoto puede no ser importante en términos geológicos, pero sí sociales. No es necesario un terremoto de magnitud ocho como en Japón para que se tenga en cuenta. El movimiento sísmico, aunque sea de magnitud e intensidad menor, si lleva a 20.000 personas a dormir en los coches y obliga a movilizar recursos de protección civil, es importante. No es solo la normativa de construcción sismorresistente, que ya existía en tiempos de Al Ándalus y que se actualizó tras el terremoto de Lorca; la clave es la preparación, saber qué infraestructura puede verse dañada o que las réplicas pueden causar desprendimientos que dañen a las personas; o que, si hay que recurrir a un alojamiento temporal, este debería hallarse fuera de zonas de recurrencia para no aumentar la ansiedad de la población”.

“Los terremotos”, añade Ana Ruiz Constán, “generan miedo e incertidumbre que repercuten en el día a día, así como daños. Hay que concienciarse de que ocurren cada cierto tiempo. A veces, generacionalmente, se olvidan. Hay una parte de la población que no recuerda, por ejemplo, que Albolote sufrió uno catastrófico en 1956. Tenemos que ser conscientes de que van a seguir ocurriendo y estar preparados, que la política no lo olvide”.

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