EL PAÍS

El festival de San Remo muestra su cara más política y contestataria

Segunda noche del Festival de San Remo. Fedez, rapero y cantante pop, pomposo marido de la influencer Chiara Ferragni, se conecta este miércoles en directo desde un escenario y comienza a improvisar unas rimas. Luego levanta una foto de Galeazzo Bignami, secretario de Estado de Infraestructuras y miembro de Hermanos de Italia, el partido ultra de la primera ministra, vestido de nazi. “Si viene él, no pasa nada”, lanza, acusando al Ejecutivo de armar revuelo con la aparición de según qué cantantes y defender a miembros que se han colocado una esvástica al brazo.

La noche anterior había acudido al festival el presidente de la República, Sergio Mattarella, que realizó un gran discurso en defensa de la Constitución escoltado por la punzante ironía del cineasta Roberto Benigni. Todo ello, salpicado por la polémica sobre la conveniencia de la aparición del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en un vídeo grabado. El ultraderechista Matteo Salvini, vicepresidente del Gobierno y líder de La Liga, protesta. Y el presentador del certamen le responde: “Si no le gusta, que mire una película”. El gran festival —puede que el del último año en el que la derecha no tiene el control de la televisión pública— muestra estos días su cara más política y contestataria.

San Remo, en su edición número 73, nunca fue un festival cualquiera. Musicalmente ha sido la cantera y el escenario principal de la música italiana y un modelo universal de certamen. Todos los grandes han cantado, crecido o ganado ahí. Es también el evento principal de la televisión pública transalpina, la piedra angular alrededor de la que se planifica toda la temporada. Las salvajes audiencias —este año ha logrado un 63% de la cuota de pantalla— condicionan toda la escaleta del año.

Pero también es una fabulosa plataforma política para quien sepa aprovecharlo. Por eso, los políticos saben que, si quieren pintar algo durante la semana que se celebra el evento en la ciudad costera de Liguria, tienen que modular y adaptar su discurso a la purpurina y los focos de la fiesta. Este año ha crecido la politización del evento, organizado por la RAI (en cuyo consejo de Administración todavía no ha entrado Hermanos de Italia).

El certamen comenzó apuntando hacia Kiev y la defensa de sus ciudadanos ante la agresión rusa. Los organizadores habían invitado a Zelenski a grabar un mensaje en vídeo que se emitiría en la inauguración del martes (dos días antes de su comparecencia en el Parlamento Europeo). Sin embargo, el runrún político creado, especialmente por Salvini, que además de vicepresidente es ministro de Infraestructuras y Transportes, enrareció demasiado el ambiente. Le pareció mal. Presionó y logró que aquel vídeo fuera, al final, una carta que leerá el presentador el próximo sábado. Algunos medios locales han contado que la negativa del festival a emitir el vídeo original molestó al presidente de Ucrania. Pero se corrió un tupido velo.

Una aparición sorpresa

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El día de la inauguración, sin embargo, apareció por sorpresa el presidente de la República, Sergio Mattarella. Era la primera vez en la historia del evento que un jefe del Estado se presentaba en San Remo. Los partidos políticos protestaron. No sabían que eso iba a suceder. La dirección del programa aseguró que se debía a motivos de seguridad requeridos por el Palacio del Quirinal. Y en esas, el jefe de Estado realizó una encendida defensa de la Constitución que algunos leyeron como una advertencia al actual Ejecutivo, que pretende modificar la carta magna para convertir Italia en un sistema presidencialista.

El monólogo de Benigni, duro e hilarante a partes iguales, invocó con ironía el regreso del fascismo y los planes ocultos del Gobierno. Y claro, provocó, de paso, una enorme irritación en las filas del partido de Giorgia Meloni, que siempre ha denunciado la apropiación de la izquierda de determinados espacios culturales y que, para colmo, tuvo que ver cómo esos supuestos enemigos cantaban el himno de Italia, una de sus señas de identidad, en prime time.

Algunos de los temas interpretados tuvieron también su mensaje político sobre el escenario. Una historia de amor real entre un hombre y una mujer de Ucrania separados por la guerra se coló en los primeros puestos del festival en el vídeo de la canción Tango, del artista Tananai. El tema, una balada del artista milanés, iba acompañado por un videoclip en el que se recoge la historia en la distancia de una pareja ucrania separada por la invasión rusa de su país.

Además, el festival, cuya dirección artística y conducción está a cargo desde hace años del showman Amadeus, reservó un espacio para que la activista iraní Pegah Moshir Pour recitase algunos pasajes de Baraye, la canción convertida en himno de las protestas en Irán, escrita por Shervin Hajipour musicando algunos tuits publicados en la red social para denunciar la libertad negada en el país.

San Remo siempre tuvo su dosis política. Era parte de la gracia. El propio Benigni ya azotó sobre su escenario a otros primeros ministros como Silvio Berlusconi. Es famoso el vídeo del periodista Giuliano Ferrara lanzando huevos contra la televisión y protestando por el tono que adquiría el certamen con estas actuaciones. Más allá de la política, sin embargo, este año la música suena también a despedida de una época.

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