El nuevo ministro de Economía tumba la rebaja fiscal y reduce las ayudas energéticas de Liz Truss

El nuevo ministro de Economía tumba la rebaja fiscal y reduce las ayudas energéticas de Liz Truss

Los mercados juegan con hambre perversa. Descuentan de antemano el contenido de cualquier anuncio económico, y obligan a los gobiernos a ir más allá para calmar los nervios. El nuevo ministro de Economía del Reino Unido, Jeremy Hunt, había anunciado de madrugada que comparecería a media mañana de este lunes para adelantar nuevas medidas, y liquidar ya de modo definitivo la rebaja de impuestos de la malograda primera ministra, Liz Truss. No iba a bastar. Era necesario un anuncio más contundente. Hunt ha confirmado que el Gobierno también dará marcha atrás al histórico plan de ayudas directas a hogares y empresas para hacer frente a las facturas del gas y la electricidad, que fue anunciado a principios de septiembre y suponía —por su universalidad, pues afectaba por igual a todos los consumidores; y por su duración, dos años— un agujero en las cuentas públicas de más de 170.000 millones de euros.

“La primera ministra y yo estamos de acuerdo en que no sería responsable exponer a las cuentas públicas a la ilimitada volatilidad de los precios del gas en los mercados internacionales. Hoy anuncio que habrá una revisión de las medidas de ayuda energética a partir del próximo abril. El objetivo es diseñar un nuevo planteamiento que suponga menos dinero del contribuyente, a la vez que proporcione apoyo a los que más lo necesitan”, ha afirmado Hunt en una comparecencia televisiva ante la nación. Es decir, como sugerían instituciones económicas como el Fondo Monetario Internacional, el Gobierno de Truss asume finalmente que cualquier ayuda a los ciudadanos debe ser selectiva y medida, no una barra libre para todos los niveles de renta. Más en un momento en que la inflación está disparada y los tipos de interés están subiendo de modo acelerado.

Eliminación total de la bajada de impuestos

El anuncio del fin de las generosas ayudas energéticas —que ya solo aliviarán las facturas de hogares y empresas de modo generalizado durante este invierno— era la bomba reclamada por los mercados, que han reaccionado positivamente durante los minutos siguientes al anuncio. El rendimiento de los bonos a largo plazo comenzaba a descender —el rendimiento siempre se comporta de modo inverso al valor de la deuda— y la libra esterlina se fortalecía.

Pero no ha sido el único anuncio. Hunt confirmaba la decisión anticipada por Truss el viernes de que mantendría la subida prevista también para el próximo abril del 19% al 25% del Impuesto de Sociedades, y añadía nuevos tijeretazos al ya prácticamente aniquilado plan de alivio fiscal que presentó el 23 de septiembre el destituido ministro de Economía, Kwasi Kwarteng. Ya no se reduciría tampoco del 20% al 19% el tipo básico del IRPF, ni habría una rebaja del IVA para los extranjeros que compraran productos en el Reino Unido. Del mismo modo, tampoco seguirán adelante las ayudas fiscales para los autónomos. Prácticamente, todo aquello que no había comenzado la tramitación parlamentaria para su aprobación ha quedado eliminado. Solo permanece la decisión de dar marcha atrás a la subida de las cotizaciones de la Seguridad Social, que el Gobierno de Boris Johnson aprobó para financiar un Servicio Nacional de Salud maltrecho después de la pandemia. La medida, sin embargo, añadía tensión innecesaria para trabajadores y empresas a las puertas de una recesión económica.

Con todos los anuncios acumulados, ha asegurado Hunt, el Gobierno ahorrará casi 37.000 millones de euros que, de otro modo, habrían engordado la deuda pública. Eso sin contar con la perspectiva de ahorro que supone rebajar drásticamente las ayudas directas a hogares y empresas por la crisis energética.

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“Habrá más decisiones difíciles en los próximos días”, ha advertido Hunt. “Tanto en materia de impuestos como de recortes de gasto, con el objetivo de reducir la proporción de la deuda respecto al PIB en el medio plazo. Todos los ministerios van a tener que duplicar sus esfuerzos para ahorrar, y algunas áreas de gasto público sufrirán recortes (…). El crecimiento económico requiere confianza y estabilidad, y eso es algo que siempre perseguirá el Reino Unido”, ha dicho.

“Los ciudadanos británicos aspiran con razón a la estabilidad, y por eso estamos respondiendo a los graves desafíos que supone un empeoramiento de las condiciones económicas. Hemos adoptado medidas para trazar un nuevo rumbo de crecimiento que apoye a todos los habitatntes del Reino Unido”, escribía en Twitter la primera ministra nada más terminada la comparecencia de Hunt, en un desesperado intento por presentar como decisión propia el humillante viraje de sus políticas.

Pero con su anuncio, el ministro de Economía ha consumado una espectacular enmienda a la totalidad a su jefa, Truss, cuyos días en Downing Street están contados. La mayoría de los diputados conservadores asumen que no llegará a las Navidades. Todo depende de la capacidad que tengan los rebeldes del grupo parlamentario para conjurarse en torno a una figura de reemplazo que aún no han sido capaces de acordar.

La jefa del Gobierno logró la victoria en las primarias del partido, durante el verano, con una única y repetida promesa: la bajada de impuestos. Las turbulencias de las últimas semanas en los mercados, el hundimiento de la reputación internacional del Reino Unido y la irritación desatada ente los tories por la nefasta gestión del nuevo equipo de Gobierno han aniquilado las posibilidades de supervivencia de Truss y su breve aventura neoliberal.

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