En qué se parece la guerra del gas entre Rusia y Ucrania a la del petróleo árabe en 1973

En qué se parece la guerra del gas entre Rusia y Ucrania a la del petróleo árabe en 1973

Hagamos un ejercicio de memoria histórica, a ver si se encuentran similitudes. Año 1973, crisis del petróleo, rebautizada luego como Primera Crisis Mundial del Petróleo. Comenzó el 16 de octubre, a raíz de la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), junto a Egipto, Siria, Túnez e Irán, de no exportar más petróleo a los países que apoyaron a Israel durante la guerra de Yom Kipur.

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El precio del crudo se multiplicó por cuatro. Debido a la enorme dependencia que tenía el mundo occidental industrializado del crudo árabe, eso derivó en un efecto hiperinflacionista y una recesión sin precedentes. Los países afectados respondieron con una serie de medidas descoordinadas y precipitadas para evitar el colapso (racionamiento, congelación de precios, devaluaciones). Algunas fueron tan nefastas que provocaron el efecto contrario al que perseguían y terminaron agravando el problema.

Año 2022: la actual crisis energética aún no tiene nombre pero en algún momento seguramente se llamará Primera Crisis Mundial del Gas. Día 11 de julio, bajo la excusa de acometer tareas de mantenimiento, después de más de tres meses de guerra contra Ucrania, Rusia cierra totalmente el gasoducto Nord Stream, principal vía de suministro de gas a Alemania, que junto al resto de países de la UE ha apoyado la causa ucraniana.

La UE califica de “chantajista” a Vladímir Putin, presidente de Rusia, que días más tarde reabre a su antojo el gasoducto. Empieza a jugar con la oferta y la demanda de ese combustible. En julio, el suministro de gas a Europa ha sido de 4000 millones de metros cúbicos (4 bcm), la tercera parte de lo habitual.

PUTIN Y WIKIPEDIA

Putin no es economista. Pero sabe leer. Le ha bastado con consultar en Wikipedia qué pasó con la Primera Crisis Mundial del Petróleo para entender el enorme poder que tiene un grifo cuando es el que abre o cierra la gran tubería que alimenta de energía a un continente. En 1973, la Opep dio lugar a un nuevo orden económico mundial. Putin está copiando el modelo. Quiere ser la Opep gasista del siglo XXI. La guerra semicivil entre Ucrania y Rusia -dos países que fueron hermanos- se ha desdibujado. Cada vez se habla menos de los muertos y más de las restricciones de gas que puede haber este invierno en la UE.

 La guerra Moscú-Kiev ha derivado así en una confrontación para rehacer el mapamundi de la energía, y con él, el de la economía.

LA ENERGÍA ES PODER 

 El diagnóstico es simple: el país que tiene energía, tiene poder. Cómo se consigue es lo difícil: ¿se apuesta por las renovables?, ¿por la nuclear?, ¿por el hidrógeno?, ¿por nacionalizar empresas energéticas?, ¿se vuelve al carbón?; ¿imponemos el racionamiento? 

Se están usando eufemismos de todo tipo (seguridad de suministro, soberanía energética) para disfrazar el caos que se está creando y las atropelladas decisiones políticas que se están tomando en una carrera en la que se empieza a imponer un lema: primero mi país, después el mundo. En la UE, Putin ha provocado ya un cisma histórico en la de por sí endeble política energética común. Las divisiones son crecientes.

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El lanzamiento por Bruselas del plan Save gas for a safe winter (Ahorrar para tener un invierno seguro), plantea obligar a cada país miembro de la UE a un recorte del 15% del consumo de gas, independientemente de su situación. En la práctica supone socializar el problema de países como Alemania, cuya dependencia del gas ruso supera el 50%.

Ha sido rechazado por España y otros países del Sur de Europa, como Grecia, que por primera vez en la historia están más preparados que los del Norte (los halcones) porque, dicen, “han hecho los deberes en energía”. En lugar de basar toda su economía en gas barato de Rusia, como hizo Alemania con el Nord Stream, sin ver el peligro de dependencia que eso le generaba, España apostó por diversificar fuentes de suministro. 

La discordia del Save gas for a safe winter es solo la punta del iceberg de problemas mayores en política energética. Para huir de la energía rusa, Save gas for a safe winter llega a plantear volver a usar el contaminante carbón, desandando así el triunfo europeo de su transición ecológica hacia las renovables. En este sálvese quien pueda, cada país empieza a ir por su lado. 

Francia renacionalizará al completo EDF bajo el argumento de la soberanía energética, aunque en realidad va a inyectar 30.000 millones a la maltrecha compañía para salvarla sin que Bruselas se cuestione si son ayudas de Estado. Lo mismo hará Alemania con Uniper (la mayor gasista del país, escindida de E.ON), con un rescate estatal de 9000 millones. 

El drama de la UE es que su transición ecológica ha quedado atrapada en un río revuelto donde las ganancias van a pescadores oportunistas. Además de Rusia, que ahora vende más caro su gas y siempre podrá ofrecérselo a China, el gran beneficiado del nuevo modelo energético es EE.UU., que ha conseguido multiplicar sus exportaciones gasistas. En lo que va de 2022, ha vendido a la UE 30 bcm, más que los 22 bcm de todo 2021.


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