Fernando Guallar: “Hablé de mis secuelas de la covid porque vi que la gente no entendía nada. Me ponía la piel de gallina”

Era 2 de febrero de 2002. La industria del cine español se encontraba reunida en el Palacio de Congresos de Madrid para celebrar la 16a edición de los Premios Goya. Rosa María Sardá presentaba y Alejandro Amenábar estaba a punto de arrasar con Los otros. Mientras las estrellas brillaban en el photocall, un grupo de chavales se estaba colando. “Por el garaje”, concreta el autor de la astucia, Fernando Guallar (Córdoba, 32 años), que entonces tenía 13 años. “Estuvimos al lado de Penélope [Cruz]. Me hice varias fotos con Clara Lago y Silvia Abascal”. A estas cosas sus amigos las llaman guallaradas, en honor a su artífice. “Al final nos echaron con toda la razón del mundo. Luego fuimos tres años más y siempre nos conseguimos colar. Le tengo que decir a Mariano Barroso [presidente de la Academia de Cine] que refuercen la seguridad”.

Casi 20 años después, tras interpretar al exnovio de Clara Lago en Gente que viene y bah (2019) y un papel fijo en Amar es para siempre (entre 2017 y 2018), fue el pretendiente de Ingrid García Jonsson en Explota explota (2020), el musical con canciones de Raffaella Carrà, y este año se le puede ver en la esperada nueva temporada de Luis Miguel, la seguidísima serie de Netflix. A estas alturas Fernando Guallar ya no tiene que colarse en las estas.

Donde sí tuvo que colarse fue en la industria. Estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia porque sus padres no le dejaron centrarse en la interpretación. A veces se aburría y de Erasmus en Berlín le mandó un correo a la productora Globomedia. Ellos respondieron: querían conocerle y hacerle una prueba. Tomó un avión a Madrid y la prueba le salió fatal. “Tenía que coger un vaso, estaba temblando tanto que lo dejé corriendo. No sabía nada, ni hablar, solo era un chaval con ganas”, dice. Aun así, le ofrecieron su primer papel, una aparición con una sola frase en una escena de Aída (2005-2014): “Dejo aquí los bocadillos y los dulces”, decía asomándose por una puerta. Pagó los gastos del vuelo con dinero de su bolsillo. “¿Pero tú has venido desde Berlín para decir esto?”, le preguntó asombrado Paco León, protagonista de la serie. Desde entonces, cada vez que le ve, le saluda diciendo: “¡Coño, el arquitecto!”.

La vida es equilibrio, la de cal y la de arena, un ojo al sol y otro a la sombra.
La vida es equilibrio, la de cal y la de arena, un ojo al sol y otro a la sombra.jara garcía

Hoy, se encuentra en una encrucijada: le llegan demasiados papeles de galán. “Yo, Fernando, de verdad, no soy un galán. Ningún amigo mío dirá nunca que lo soy”. Él se define como un tipo juvenil y alegre, que hace sus guallaradas y asiste a festivales para ver a viejas glorias de los dosmiles como Safri Duo, Álex Ubago o King África. Sale de fiesta de la feria de Albacete a Berlín. Su piso en la capital alemana estaba a dos minutos de Berghain, la meca europea de la música tecno. “Yo me conocía mucho al Sven”, dice sobre Sven Marquardt, el portero de discoteca más famoso y temido del mundo por su sistema arbitrario a la hora de permitir o prohibir el paso al club. Un galán nunca se codearía con Sven.

Él y su equipo intentan alejarse de esa imagen. “Lo de guapo a veces me ha tocado los cojones. Estuve en un proceso para un personaje que me parecía una delicia y me dijeron que no porque soy demasiado guapo”. Le rechazaron alegando que no podía interpretar a un cooperante en África debido a su atractivo; dos años antes él mismo había estado colaborando con una ONG en un país africano.

En sus redes apoya causas sociales, del feminismo a la ley trans. “Hay ciertas causas que no deberían estar politizadas y con las que me voy a mojar siempre”, sostiene. Hace unos meses contó que la covid le dejó como secuela una trombosis pulmonar: “Lo conté porque vi que la gente no entendía nada. Todos esos botellones me pusieron la piel de gallina. Si diez o 20 deciden ponerse la mascarilla, es productivo”.

En esas mismas redes sociales recibe muchos mensajes, especialmente desde su participación en Luis Miguel, todo un fenómeno en Latinoamérica. “Te reconozco que a veces veo los mensajes privados que me envían. No contesto nunca, pero hay algunos muy curiosos, y otros que me dan pudor. Recibo fotos que dices: ‘Mujer, no haga esto, por favor…”. Ahora Instagram es para él una herramienta de trabajo y un álbum de fotos de su perro Django. Sí se guarda una parcela de intimidad: “Tengo una ventana que se llama ‘Mejores amigos’, que es donde sigo siendo yo”. Siempre hay una pantalla para que Fernando Guallar siga siendo el de las guallaradas.

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