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Kevin McCarthy, elegido presidente de la Cámara de Representantes en una dramática sesión nocturna

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Kevin McCarthy ha colmado su gran ambición. Tras ceder a las exigencias del ala radical de su partido, después de días de drama, sesiones maratonianas y 15 votaciones, el líder de los republicanos ha sido elegido presidente de la Cámara de Representantes. El despacho que empezó a ocupar antes de ser nombrado —y por el que alguno de sus compañeros díscolos le acusó de okupa— ya le pertenece. “Esto me recuerda lo que me decía siempre mi padre: no es cómo empiezas, sino cómo acabas”, decía este viernes en el Capitolio. El final de una película de suspense de cuatro días ha llegado en una dramática sesión nocturna cargada de dramáticos giros de guion.

Patrick McHenry, representante por Carolina del Norte, ha hecho la nominación de McCarthy. “Ha sido una semana larga en Washington”. McHenry ha descrito lo ocurrido estos días como un “libre y abierto intercambio de ideas” en el que “cada voto cuenta”. En esta semana McCarthy “ha crecido como líder”, ha dicho. Es “incansable, el hombre que no se rinde”, ha añadido tras alabar su atención al trato humano que dispensa a los miembros de su grupo porque “la gente le importa”. “Si tu mujer está enferma, puede mandarle flores o fruta antes incluso que tú mismo”, ha puesto como ejemplo.

La elección ha sido posible gracias a que los últimos diputados disidentes han aceptado votar “presente” en lugar de hacerlo por otro candidato. En la práctica, eso equivale a una abstención que ha rebajado el umbral de la mayoría que McCarthy necesitaba. Ha logrado 216 votos, frente a los 212 del candidato demócrata y los 5 “presentes”. Eso ha sido en la 15ª votación, a las 00.30 del sábado en Washington [las 6.30 en la España de la mañana en la España peninsular]. Pero esa victoria ha llegado después de una tensa 14ª votación en la que el candidato ha sido derrotado, en contra de lo que esperaba.

En ese preludio, una de las rebeldes más irreductibles, la activista proarmas Lauren Boebert, que dijo que nunca apoyaría a McCarthy ha accedido a decir “presente”. Otros cuatro republicanos se han mantenido en sus trece: Andy Biggs, Matt Rosendale, Bob Good y Eli Crane. El otro aparente irreductible, Matt Gaetz, máximo exponente del grupo Never Kevin (Nunca Kevin) no ha atendido la primera llamada para votar y ha mantenido el suspense hasta el final, cuando ha dicho también “presente”. Eso no era suficiente. McCarthy, que necesitaba un sí, se ha levantado ostensiblemente alterado y se ha acercado con cara de pocos amigos al escaño de Gaetz, sentado al lado de Boebert, para intentar convencerle de que cambiase su voto, pues estaba a tiempo para ello. Los demás republicanos también le presionaban. Las cámaras de televisión le enfocaban, pero Gaetz, con el gesto muy serio, no ha cedido. McCartthy ha vuelto a su escaño abatido.

Kevin McCarthy se encara con el representante por Florida Matt Gaetz tras la 14ª votación.SHAWN THEW (EFE)

Los republicanos han pedido entonces levantar la sesión hasta el lunes. Los demócratas se han opuesto y se ha abierto una votación electrónica de 15 minutos. Los republicanos iban camino de lograr el aplazamiento, pero en ese momento los díscolos han trasladado a McCarthy y a sus aliados que si la votación se repetía saldría elegido. A toda prisa, antes de que se acabase el tiempo, varias decenas de representantes republicanos se han acercado a la mesa para cambiar el voto que habían dado en sus pantallas. Eso ha permitido continuar la sesión mientras una sonrisa ha iluminado la cara de McCarthy. Ya sabía que la victoria era suya.

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Aunque la elección ha llegado pasada la medianoche, la sesión en la que se ha nombrado a McCarthy ha empezado la noche del 6 de enero, una fecha simbólica, el segundo aniversario del asalto al Capitolio por una turba instigada por la negativa del anterior presidente, Donald Trump, a aceptar su derrota en las urnas frente a Joe Biden en las presidenciales de 2020. Las urnas castigaron el pasado 8 de noviembre el negacionismo electoral y a los candidatos trumpistas en batallas decisivas. Sin embargo, la estrecha mayoría republicana (222 a 212 escaños, tras la muerte de un congresista demócrata) ha dejado a la veintena de representantes más radicales del partido en una posición de fuerza y han ejercido lo que algunos ven como una insurrección por otras vías.

El congresista demócrata Pete Aguilar ha hecho un discurso muy duro contra los republicanos: “Hace dos años, presenciamos este lugar asediado por una turba violenta que profanó este edificio en la otra cámara. Pero esto me resulta un poco familiar. Hoy hemos levantado la sesión en medio de la más absoluta confusión, solo que esta vez volvemos en la oscuridad de la noche, no para emitir un voto que una a este país y nos permita hacer nuestro trabajo, sino uno que marcará el camino hacia la división y el incumplimiento. Así que si nos vemos obligados a estar aquí esta noche, debido al caos y la crisis en el otro lado, es justo señalar que los mismos individuos que avivaron las llamas del 6 de enero, que dijeron a sus seguidores y a los seguidores de sus seguidores que necesitaban contraatacar y que desafiaron la jura de los miembros basándose en una falsa reclamación de falsos electores bien podrían estar al mando de la Casa del Pueblo. Si es que alguna vez consiguen ponerse de acuerdo sobre quién puede dirigirles”, ha dicho, desatando los aplausos demócratas y los abucheos republicanos.

McCarthy ha tenido que someterse a la humillación de una derrota tras otra y a las condiciones que la ha impuesto el ala dura del Partido Republicano, una minoría más radical y casi antisistema. Será un speaker debilitado en una legislatura que se anuncia tormentosa. Los demócratas del presidente Joe Biden controlan el Senado y los republicanos, la Cámara de Representantes. Para aprobar cualquier ley o autorización de gasto público hará falta el concurso de demócratas y republicanos, lo cual ya se vaticinaba complicado. Pero, además, una vez que el ala dura del Partido Republicano ha mostrado su poder en la Cámara de Representantes, las cosas se complican aún más.

La elección del presidente permite que los miembros de la Cámara de Representantes presten juramento y asuman oficialmente sus cargos. Desbloquea también la fijación de un nuevo reglamento, los nombramientos para las comisiones y el resto de la actividad parlamentaria. Desde hace 100 años, la mayoría parlamentaria siempre había elegido al presidente de la Cámara en la primera votación. Esta vez ha sido la quinta en la historia de Estados Unidos que más rondas ha exigido y las cuatro primeras datan del siglo XIX. No se llegaba a la 14ª votación desde hace 164 años, en 1859, antes de la Guerra Civil.

Entre las concesiones que ha hecho McCarthy a los rebeldes está la de que cualquier diputado pueda instar una moción de censura para destituir al presidente de la Cámara, lo que debilita su posición, aunque McCarthy niega la mayor: “¿Ha mermado el poder de todos los demás speakers? Entonces, ¿por qué iba a debilitar el mío? Solo sería un speaker más débil si lo temiera”. La posibilidad de instar el cese del presidente de la Cámara se restringió a los líderes parlamentarios durante el mandato de la anterior presidenta, Nancy Pelosi. Los republicanos del ala dura sostienen que se trata solo de recuperar la situación anterior.

Dada su propensión a llevar las situaciones al extremo, esa facultad se convierte en una espada de Damocles permanente sobre McCarthy, que tendrá que medir sus pasos. Pone especialmente difícil la colaboración con los demócratas y amenaza la producción legislativa y presupuestaria de la segunda mitad del mandato de Biden.

Frente a quienes dicen que el largo proceso para la elección de McCarthy ha mostrado que la mayoría republicana de la Cámara es disfuncional e ingobernable, este respondía este viernes en el Capitolio: “Eso es lo grande: como ha tomado tanto tiempo, ahora hemos aprendido cómo gobernar y podemos hacer el trabajo”.

El techo de deuda

Entre el trabajo que se avecina está aprobar la elevación del techo de deuda. En Estados Unidos, el Congreso fija el límite de deuda pública que puede emitir el Gobierno federal y cuando se acerca a ese límite, es necesario ampliarlo. Los economistas calculan que el límite actual se puede alcanzar a mediados de este año y precisamente el gasto público es una de las obsesiones de los ultras del Partido Republicano.

No ampliar el límite de deuda acabaría generando una crisis económica. Uno de los rebeldes más destacados, el tejano Chip Roy, ha sugerido que su facción no aspira a llegar tan lejos, pero que ha arrancado a McCarthy un compromiso para ligar ese aumento a imponer recortes de gastos al Gobierno de Biden. Eso va más allá de lo que ya eran restricciones draconianas aceptadas inicialmente por el candidato para la aprobación de gasto público: que cada vez que se apruebe una nueva partida haya que recortar de otro lado. Es, de nuevo, una especie de chantaje, del mismo tipo del que han sometido a McCarthy para otorgarle la presidencia de la Cámara.

El gasto militar, en particular la ayuda militar a Ucrania, puede encontrar también mayores resistencias que hasta ahora para ser aprobado, por la oposición de algunos de los radicales, aunque hay numerosos representantes republicanos que la apoyan.

McCarthy también ha accedido a otorgar al Freedom Caucus una representación muy por encima de la que le corresponde en una de las comisiones con más poder de la Cámara, la que regula los procedimientos y de la que depende qué leyes se someten a votación, entre otras decisiones relevantes.

Asimismo, ha ofrecido disolver cuanto antes la comisión de investigación sobre el asalto al Capitolio, algo que se daba por descontado, y crear en su lugar otra que investigue la supuesta utilización del Gobierno federal de Joe Biden como arma política. Esa comisión someterá a escrutinio previsiblemente el registro de la mansión de Donald Trump de Mar-a-Lago (Florida) por parte de agentes de la Oficina Federal de Investigación (FBI) y otras actuaciones del Departamento de Justicia contra el expresidente. La demostración de poder que han hecho los radicales permite aventurar dos años de legislatura de alta tensión.

En paralelo, el comité de acción política dependiente de los líderes del Congreso anunció el miércoles que no interferirá en las primarias republicanas, como exigían el ala más ultra del partido. En las del pasado año, ese comité financió a candidatos moderados a los que veía con más probabilidades de vencer a los demócratas, lo que enervó a los radicales.

McCarthy también accedió a prohibir el voto telemático o la participación a distancia en las comisiones en el nuevo reglamento de la Cámara. El nuevo presidente también suprimirá los detectores de metales que ordenó instalar Pelosi después del asalto al Capitolio para impedir el acceso con armas al hemiciclo. Además, se dará un mínimo de 72 horas desde que una proposición de ley se plantea hasta que se somete al pleno. Los rebeldes han exigido además poder someter a votación por separado cualquier partida de las leyes de gasto.

Algunos de los propios republicanos han mostrado su frustración ante lo que veían como un pulso de poder. El representante por Texas Dan Crenshaw lo explicaba así en declaraciones a la cadena conservadora Fox: “Cuando preguntas a estos 20 rebeldes para qué están haciendo campaña, te dan una respuesta muy vaga. Dicen: ‘Bueno, ya sabes, es para hacer que este lugar funcione mejor. Estamos cansados de la ciénaga. Estamos cansados del status quo”. Una frase de Crenshaw en esa entrevista resume lo que ha pasado esta semana: “La democracia es un lío”.

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