La defensa de Santi Mina: “Si no hubo consentimiento, sin lugar a dudas ella no supo transmitírselo”

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En última sesión del juicio contra los futbolistas del Celta de Vigo, Santi Mina, y de la UD Ibiza, Dalvid Goldar, por una presunta agresión sexual cometida en Mojácar (Almería) en junio de 2017, la defensa del celtarra ha buscado en su alegato final desacreditar la versión de la víctima, no solo sobre lo sucedido esa madrugada, sino en relación a las secuelas psicológicas que ha sufrido en este tiempo. La letrada, además de señalar que existe “ambigüedad y contradicción” en el testimonio de la mujer, también ha asegurado que su cliente siempre contó con su consentimiento y que “si no lo hubo, como afirma la denunciante, desde luego, sin lugar a dudas, no supo transmitírselo”. El juicio ha quedado visto para sentencia, que se emitirá en las próximas semanas.

A lo largo de las cuatro jornadas que ha durado la vista oral, la estrategia de la defensa, dirigida por la abogada Fátima Rodríguez, ha ido dirigida a desacreditar el testimonio de la supuesta víctima. El miércoles, un detective contratado por el delantero del Celta de Vigo en 2019, cuando se decidió incoar el sumario contra Mina y Goldar, declaró a preguntas de su abogada, que era normal que ella vistiera “faldas y ropa ajustada” y que llevaba “una vida normal”. La letrada quería refutar el testimonio de la joven, quien había sostenido que había cambiado de hábitos. Hoy ha insistido en que “le importa poco cómo vista o no y cómo es su vida, pero sí contrastar las secuelas por el estrés postraumático recogidas en el informe de las psicólogas del Instituto de Medicina Legal de Almería”.

Un informe que ha pedido que se considere nulo porque había quedado demostrado que se redactó “solo con la información que da ella” y, ha añadido, que “parte de los datos no son verdad”. La letrada también ha cuestionado el diagnóstico de estrés postraumático que se presentó en la sesión del miércoles. Ese día los médicos forenses validaron la versión de la víctima sobre la supuesta agresión sexual y las psicólogas contrarrestaron la estrategia de la defensa argumentando que los comportamientos de una víctima de agresión sexual “no son lineales”. “Su sintomatología es compatible con los hechos que relata. Una víctima de una agresión sexual puede llevar una vida normal porque su estado emocional no es una línea recta, sino que es un pico de sierra, puntualizaron.

“En el juicio se presentó un informe forense ratificado por especialistas de tres comunidades autónomas, Andalucía, Madrid y Baleares”, explica a este diario Iván Bolaño, el abogado de la acusación particular. “No hay ninguno que diga que lo que dice ella que pasó no es verosímil o no paso”, insiste. En este tiempo, la víctima ha estado bajo supervisión médica, primero de la psicóloga que la atendió en Almería, donde sucedieron los hechos, después en Madrid, donde ella residía, y por último Ibiza, a donde se mudó. “El único perito que ha cuestionado el informe es el de parte, que ha reconocido que nunca ha hablado con la víctima ni con los especialistas que los redactaron”, abunda el letrado.

En la última sesión, reservada únicamente para el informe final de la defensa de Mina y las declaraciones de los acusados, Rodríguez se ha centrado en desacreditar la versión de lo sucedido ofrecida por la víctima y sobre todo en la existencia o no de un consentimiento por su parte. Primero ha cuestionado su declaración, asegurando que la había cambiado hasta en tres ocasiones, y luego ha argumentado que a lo largo del proceso ha quedado acreditado que ella “prestó su consentimiento en todo momento” puesto que cuando el futbolista “le pidió que parase, él paró como ella misma confirmó” en su declaración —que fue a puerta cerrada—.

“Mi informe final no deja lugar a dudas, no puede ser más contundente. Hubo consentimiento en todo momento y si se sintió agobiada, cuando lo trasladó el futbolista paró”, ha insistido posteriormente, en conversación telefónica con este diario.

Fiscal: “El acceso carnal se produjo”

En esta línea, la abogada ha expuesto que, en todo caso, en la actuación de Mina, existiría “error de tipo” invencible porque “si no hubo consentimiento, como afirma ella, desde luego no supo transmitirlo ni a Santi ni a nadie” hasta que “lo verbalizó y paró”.

En la descripción de los hechos recogida en el auto de la acusación del fiscal y que ratificó en su intervención del jueves, se detalla que el delantero del Celta ―entonces en las filas del Valencia― “con ánimo libidinoso y para satisfacer su apetito sexual, a pesar de la manifiesta voluntad contraria de la víctima, entró en la caravana completamente desnudo”. “Mira chica, tú me gustas mucho y creo que deberíamos hacer algo”, le espetó Mina. Después de que ella le dijera que estaba con Goldar, él salió, pero volvió a entrar y la forzó, primero “introduciéndole el pene en la boca sin preguntar” y, después, “introduciéndole tres dedos en la vagina”.

El “acceso carnal se produjo”, afirmó el jueves el fiscal en su turno de intervención. Lo que queda por determinar es si fue “con pleno consentimiento o sin consentimiento”, pero añadió: “La violencia se produjo, no solo por la falta de consentimiento, que no fue tácita, sino que fue expresa, sino también porque el acusado actuó de forma absolutamente sorpresiva, inesperada, imprevisible”. Se preguntó si había algo “más violento que cometer esa acción de esa manera”, para concluir que había existido “una intimidación clara” mucho más grave porque se produjo “en apenas dos metros cuadrados y en presencia de dos hombres jóvenes y atléticos”.

“Es muy difícil que un fiscal retire su acusación, pero para mí es más importante la decisión del magistrado, que tome apuntes de todo el procedimiento y tome la decisión con todas las pruebas practicadas”, advierte Rodríguez.

“El fiscal insistió ayer en que el relato de la víctima ha sido uniforme durante estos cinco días en los detalles esenciales”, recuerda Bolaño. La defensa también ha querido cuestionar las intenciones de su clienta al insinuar que sabía en todo momento que los acusados eran futbolistas y “su finalidad era exigir una cantidad de dinero a ambos”. “Precisamente porque son personajes conocidos, si se lo hubiera inventado habría desistido”, abunda el abogado.

Bolaño también recuerda que fue Mina quien ha ido cambiando de versión, “primero diciendo que jamás estuvo con ella, luego cuando aparecieron las pruebas forenses reconociendo que la había besado y por último diciendo que las relaciones eran consentidas”. Las pruebas han detectado ADN de Mina y de Goldar en el cuerpo de la víctima.

El juicio ha terminado con las declaraciones de los futbolistas que se han limitado a dar las gracias a la sala y al tribunal “por el respeto y el trato ofrecido”. El fiscal ha asegurado que “se le haría extrañísimo ver algo que no sea una sentencia condenatoria”. El Ministerio Público pide una pena de prisión de ocho años para Mina y considera que Goldar no tuvo ninguna responsabilidad. La acusación particular pide nueve años y 10 meses para ambos y considera que el defensa del Ibiza, si no es considerado cooperador necesario, debería ser juzgado como cómplice “porque proporcionó el escenario y no hizo nada por evitarlo”.


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