La (mala) economía de LaLiga Impulso


El pasado jueves tuvo lugar el primer asalto de una batalla judicial sobre la financiación del fútbol español que promete ser intensa. De un lado, el acuerdo entre LaLiga y el fondo CVC para explotar y gestionar los derechos de televisión de la competición; del otro, la Real Federación Española de Fútbol, Real Madrid, Barcelona y Athletic Club, que se oponen porque lo consideran ilegal, financieramente ruinoso para los clubes y que, al contrario de lo que se anuncia, será lesivo para los intereses y aspiraciones de las categorías inferiores del fútbol español.

Financieramente, LaLiga Impulso parece un chollo para CVC: según se anuncia, a cambio de poco más de 2.000 millones obtendría rendimientos equivalentes al 11% de los derechos televisivos de la Liga durante 50 años (con los números de 2021, ese 11% serían 177 millones). Suponiendo que el valor de esos derechos se mantiene constante en términos reales (supuesto conservador atendiendo a su progresión histórica), la rentabilidad anual de CVC sería espectacular.

Si financieramente es tan mal negocio, ¿por qué LaLiga Impulso cuenta con un respaldo tan mayoritario de los clubes? Aquí se nos ocurren dos motivos.

El primero, el cortoplacismo de los presidentes de dichos clubes que, ante problemas de financiación, recurren a la solución fácil: la venta rápida de activos a precio inferior al de mercado (fire sales) —asumimos que lo hacen porque no tienen que rendir cuentas a la masa social del club. Y así entendemos la oposición de los presidentes de clubes históricos que, como asociaciones deportivas, sí tienen que rendir cuentas a su masa social y velar por la estabilidad futura de sus clubes—.

El segundo motivo es el efecto de dopaje financiero que disfrutarán los 38 clubes de LaLiga que ahora se suben al barco de CVC, porque reciben recursos económicos, anticipados con cargo a ingresos futuros, como si estuviera garantizado que fueran a mantener sus actuales posiciones en la Liga los próximos 50 años. Y es posible que sea así, porque esta inyección económica les otorga una ventaja competitiva frente a los clubes más humildes, que tendrán muy difícil romper este techo de cristal. Y entendemos también el apoyo al proyecto por parte del presidente de LaLiga, que a fin de cuentas debe su cargo a estos clubes, que son los que en los últimos años han multiplicado por 10 su retribución anual.

Puede que LaLiga Impulso se parezca a una liga cerrada. Resulta paradójico que Tebas, enemigo público de la Superliga por ser una competición cerrada, promueva con CVC una reforma del fútbol español que dopa financieramente a los clubes que participen inicialmente en su proyecto sobre el resto de clubes más humildes. Esta operación CVC-Tebas rompe el principio de igualdad de oportunidades entre los clubes que participen y los que, estando ahora en categorías RFEF, aspiran a formar parte de la Liga en el futuro (lo que para uno de nosotros, que ansía escuchar el cántico Vamos mi Linares en divisiones profesionales, es imperdonable).

Probablemente por estos motivos la RFEF se opone frontalmente a LaLiga Impuso. Su presidente no duda de su ilegalidad y de que atenta gravemente contra los miles de clubes de categorías inferiores (con más de un millón de jugadores federados en España), que verán limitadísimas sus posibilidades de crecer y competir en igualdad de condiciones con los clubes de LaLiga que ahora se beneficiarían del dinero de CVC.

Y lanzamos otra cuestión de índole económica. ¿Se están creando una suerte de incentivos indirectos (primas) para perder? Porque, tal y como parece estar diseñado el proyecto, los clubes que participan en el mismo podrían ver sus ingresos menguados con los éxitos deportivos de los clubes que se oponen al mismo. Imaginemos una apasionante última jornada de liga con Atlético, Real Madrid y Barcelona empatados a puntos. Imaginemos que el Atlético visita el campo de un club que ya nada se juega, pero que sabe que, tras el acuerdo con CVC, sus ingresos de televisión serán superiores si el Atlético gana la Liga, y se verán reducidos si, por el contrario, queda tercero… ¿Es esto posible? ¿Legal? ¿Cómo afecta a la meritocracia de la Liga que a un club le pueda interesar perder? ¿Y a las apuestas deportivas? Situaciones parecidas se podrían dar para evitar que clubes, que ahora están en categorías inferiores, se consoliden en la Liga y, por ende, reduzcan los ingresos de los clubes financiados por CVC.

Los tribunales decidirán sobre la legalidad de un acuerdo que a todas luces solo parece favorecer a CVC, al cortoplacismo de los gestores de los clubes firmantes y al presidente de LaLiga. Como economistas, creemos que no es suficientemente rentable, que genera barreras de entrada en el fútbol profesional y que, además, es dinámicamente incoherente, esto es, lleva asociados graves problemas de gestión en el futuro. Como amantes del fútbol, nos preocupa que no sea el impulso que este deporte necesita en España en las difíciles circunstancias actuales.

José Ignacio Conde-Ruiz y Juan Francisco Jimeno Serrano son profesores de Economía en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Alcalá, respectivamente.

Puedes seguir a EL PAÍS DEPORTES en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites




Source link