Las aves más atractivas no son las que tienen mayor éxito reproductivo

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El desarrollo de caracteres sexuales, a modo de ornamentos que destaquen su calidad, es una de las principales armas que tienen los animales para asegurar la transmisión de sus genes. Los individuos más atractivos, de manera general, son aquellos que también gozan de una mejor condición genética y física. Por tanto, cabría pensar que también alcanzan un mayor éxito reproductivo. Sin embargo, una investigación coordinada por investigadores del CSIC y publicada en Journal of Evolutionary Biology, muestra como aquellos individuos que tienen un plumaje con menor coloración, y por tanto, son menos atractivo, podrían tener una ventaja reproductiva, en función del contexto social. Las razones que podrían explicar esto son los costes que conllevan estos ornamentos que incrementan el atractivo y que pueden suponer más disputas y, por tanto, menor tiempo disponible para dedicar a la cría de descendencia. Este estudio, que recoge datos durante 24 años, se ha centrado en poblaciones de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) en parcelas ubicadas en dos hábitats: un bosque de roble caducifolio y otro de pinos en La Hiruela (Madrid).

Los papamoscas cerrojillo son pájaros migratorios cantores que cuentan con dimorfismo sexual en el color del plumaje durante la temporada de reproducción. La coloración del plumaje dorsal de los machos varía desde individuos marrones, parecidos a las hembras, hasta individuos completamente negros. Esta coloración, según se detalla en la investigación, es hereditaria y un indicador de la calidad general y atractivo de los machos. Los individuos más oscuros establecen antes sus territorios de reproducción y producen cantos más complejos. El tamaño muestral total en esta investigación supera los 2.000 machos, según detalla David Canal, investigador del Centro para Investigaciones Ecológicas en Hungría y uno de los autores del estudio.

Sin embargo, estos ornamentos también tienen unos costes ambientales y sociales: “Cuando los machos más oscuros llegan antes están migrando en peores condiciones ambientales, como frío, lluvia o nevadas, y eso energéticamente es exigente”, explica el investigador. Respecto a los costes sociales, estos individuos van a tener que competir con otros machos, defender el territorio de forma más intensa, además de que son vistos antes por los depredadores. “Esto hace que probablemente cuando llegue la hora del cuidado parental sea menor o sea de peor calidad, puesto que llegan exhaustos”, resume Canal.

Para llegar a esta conclusión, se observó desde la tercera semana de abril hasta la primera quincena de julio cajas nido (156 en el bosque de robles y 83 en el de pinos). Cada tres días eran revisadas para determinar la ocupación de individuos papamoscas cerrojillo o de otras especies. Una vez que se ocupaban estas cajas, se examinaba diariamente para determinar la fecha de puesta, el tamaño de la nidada, la fecha de eclosión y el número de polluelos. Todas las aves de esta especie se marcaron con una anilla de metal enumerado y los machos, además, con una combinación única de anillas de colores.

Este estudio reúne aspectos que, según Canal, tienen gran importancia. En primer lugar, proporciona información sobre el medio, en una forma de desarrollar empatía de la sociedad hacia este medio. Tiene también implicaciones evolutivas, ya que recoge aspectos relacionados con adquirir pareja y el éxito reproductor. “Hay animales que tienen mayor éxito en relación a otros y estudiar los factores que determinan ese éxito diferencial y si eso es constante a lo largo del tiempo, es decir, si cambia con unas condiciones ambientales o se mantiene constante, es crucial para entender cómo han evolucionado”, afirma. Por último, han recopilado durante muchos años datos de diferentes generaciones en los que pueden observar las consecuencias evolutivas. “Esta población es muy particular porque a nivel mundial debe haber dos o tres poblaciones como estas”, zanja.

La duración de los pasos migratorios de esta especie se han reducido en los últimos 40 años en el centro y sur de la Comunidad de Madrid, según recoge una investigación incluida en el Anuario Ornitológico de Madrid, 2015-2017. Este estudio detalla que, además de una disminución del tiempo en la duración de los pasos en torno a dos semanas, hay un adelanto significativo en las fechas de partida. Por otra parte, los machos llegan en promedio cinco días antes que las hembras en la migración prenupcial.

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