Unos jóvenes juegan al baloncesto, este sábado en Châteaudun.

Le Pen despierta entusiasmo, pero en Châteaudun creen que al final ganará Macron

Unos jóvenes juegan al baloncesto, este sábado en Châteaudun.
Unos jóvenes juegan al baloncesto, este sábado en Châteaudun.ÓSCAR CORRAL

Es sábado, jornada de reflexión antes de la primera vuelta. Por fin hace sol. Y las elecciones no parecen, ni de lejos, la mayor preocupación de los ciudadanos de Châteaudun. Si hubiera que hacer balance tras preguntar a unas 300 personas, serían tres las conclusiones: el entusiasmo está del lado de los votantes de Marine Le Pen, casi todo el mundo cree que al final ganará Emmanuel Macron y hay muchísimos indecisos y abstencionistas.

“Yo votaré a Jean-Luc Mélenchon, y luego, si no hay más remedio, a Macron, porque debemos mantener el muro frente a la ultraderecha”, dice un padre que hace la compra con su hija adolescente. “Aún no sé a quién votaré ni si votaré, pero ganará Macron porque, pese a su mala fama, los sondeos suelen acertar”, comenta un joven. “Será Marine, estoy seguro, casi toda la gente de mi entorno piensa votar por ella”, afirma con rostro feliz un señor acompañado por su esposa y su hija. La esposa prefiere no responder y señala al marido, como delegando en él las opiniones. “Nosotras aún no votamos”, explican cuatro chicas, “pero ganará Macron, todo el mundo lo sabe”.

El reportero pasa un buen rato haciendo preguntas rápidas a quienes van y vienen por el centro comercial de las afueras de Châteaudun. El lugar es típico de la provincia francesa: una gran explanada con un supermercado, un almacén de bricolaje, un almacén de cosmética, una panadería-pastelería gigantesca, un McDonald’s, un Buffalo Grill y una gasolinera.

Solo quienes expresan su intención de votar por Marine Le Pen consideran que estas elecciones son “muy importantes”. Impera la convicción de que Macron vencerá, pero nadie parece alegrarse por ello. Nadie saca a colación la guerra en Ucrania. Casi todos se quejan del alza de los precios (la inflación francesa está en 4,5% anual) y los pensionistas se consideran maltratados. Un ejemplo: “¿Usted cree que se puede vivir con una pensión de 1.000 euros?”, inquiere una anciana pequeña y enérgica. En Châteaudun la alimentación sale cara, como en todo el país. La vivienda, en cambio, resulta accesible: 130.000 euros dan para una casita con 1.000 metros de jardín.

Está por ver si Châteaudun mantendrá esta vez su fama como “espejo de Francia”: sus resultados electorales suelen ser los mismos que en el conjunto del país. En cuanto a la primera vuelta, caben pocas dudas. Pasarán el corte Macron y Le Pen, en ese orden según los sondeos. Falta mucha campaña hasta la segunda vuelta, el 24 de abril. Quizá el escaso interés mostrado por la ciudadanía en el último mes se transforme en sentimientos más vivos durante las próximas dos semanas.

Algo relevante y muy perceptible en Châteaudun es el cambio en el perfil de los votantes de ultraderecha. La mayoría de ellos no se sienten de extrema derecha ni consideran que Marine Le Pen sea de extrema derecha. La definen como “nacionalista”, “pragmática”, “valiente”, “popular”, “distinta a todos esos tecnócratas”.

No muy lejos del centro comercial, unos chicos de familia africana juegan al baloncesto en una pequeña pista callejera. Son primos, adolescentes, nacieron en Dreux (80 kilómetros al norte) y ahora viven aquí. Surge la cuestión de si ellos o sus familias perciben racismo o actitudes excluyentes en su vida cotidiana. “Bah, alguna persona mayor quizá, pero en general nada, ningún problema”. En los años ochenta y noventa los disturbios socioeconómicos y raciales fueron frecuentes, debido al cierre de empresas. Cada protesta terminaba con varios o muchos automóviles incendiados. Han pasado más de 20 años desde que ardió el último.

Por primera vez en una semana, la luz del sol revela los encantos de Châteaudun. Los dunois (así se llaman los lugareños) pasean por la orilla del río, bordeado de césped, bajo la silueta imponente del castillo. Los cazadores acuden al campo de tiro, mucho más vacío desde que los militares de la base aérea fueron marchándose. Hay valientes en las terrazas de la plaza 18 de Octubre. La ciudad sigue siendo discreta, apacible y completamente desprovista de vida nocturna (este fin de semana hay algo más de vida por una boda), pero con sol parece otra cosa.

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