Más vale tarde que nunca

Ni público en las gradas, ni ‘Athletic hiria’, ni algunos profesionales de uno y otro bando en las plantillas actuales, ni fiesta vasca… Por no haber; mañana ni habrá procesiones en Sevilla en plena Semana Santa, ni periódicos en los kioskos de Bilbao en pleno día de partido. Unas cosas se atrasan y otras se adelantan. Como la vida misma.

La final de Copa más larga de la historia se disputará por fin este sábado en La Cartuja. El sacrificio de Athletic y Real para que sus respectivas aficiones pudiesen estar en las gradas del estadio hispalenses ha resultado infructuoso. Un año más tarde, la pandemia del coronavirus sigue haciendo de las suyas, aunque algunos, como ayer volvió a quedar demostrado en Lezama, no acaben de asimilarlo y aceptarlo.

Lo único genuino del envite previsto en este derbi vasco copero a disputar mañana en suelo andaluz es que hay un título en juego. Ni más, ni menos. Más vale tarde, por tanto, que nunca.

El Athletic lleva desde 1984 sin saborear las mieles del triunfo en la Copa. Un solitario gol de Endika permitió aquel 5 de mayo a los leones lograr su último entorchado en el torneo del que hasta entonces era el rey. El Barça, su rival y víctima en aquella ocasión, le ha rebasado en entorchados con el discurrir del tiempo.

-Una ganada y cuatro perdidas-

Desde aquel último éxito, los rojiblancos han disputado otras cuatro finales más. Todas con derrota. Primero, un año más tarde del 1-0 al Barça de Maradona, frente al Atlético de Madrid de Hugo Sánchez. Derrota por la mínima, arbitraje polémico y palos de la policía sin ton ni son a diestro y siniestro, dentro y fuera del Bernabéu.

La siguiente llegó un cuarto de siglo después. Los leones, con Caparrós en el banquillo, cayeron ante el propio conjunto azulgrana, con Messi ya en sus filas, por 1-3 en Mestalla. De aquella edición del torneo del KO siempre quedará para la centenaria historia del Athletic el inolvidable 3-0 al Sevilla de semifinales en San Mamés.

Los azulgrana volvieron a privarles del título años más tarde con Bielsa como entrenador rojiblanco. La película de 2009 y 2012 también se repitió en 2015. El equipo de Valverde sucumbió aquella vez en el Camp Nou también por 1-3 ante el mismísimo Barça. Más de 90.000 seguidores rojiblancos acudieron entonces a la Ciudad Condal para apoyar al Athletic. Poco más de la mitad de ellos tan solo consiguió acceder al estadio blaugrana.

La Real, por su parte, saboreó las mieles del triunfo en la Copa en la campaña 1986-87. Los donostiarras se impusieron entonces en la tanda de penaltis al Atlético de Madrid en La Romareda. El equipo txuri urdin no ha vuelto a estar desde aquella vez en el encuentro decisivo del torneo del KO.

-Capacidad de sufrimiento-

La alegría y el ambiente de fiesta vividos en las últimas finales de Copa en las que ha estado presente el Athletic pasa a mejor vida en este edición retrasada del pasado año. También, lamentablemente, seguirá igual dentro de dos semanas en la final correspondiente a este año, con el Barça como rival. Ni público en las gradas, ni aficionados en Sevilla, ni nada de nada salvo el propio partido de fútbol.

Marcelino y sus jugadores ya saben lo que es ganar una final en este escenario. Lo consiguieron no hace mucho tiempo, además. Para ello tuvieron que eliminar antes al Real Madrid en semifinales.

La Supercopa cayó tres días más tarde del bando bilbaíno con una meritoria y emocionante remontada ante el Barça de Messi y Koeman. Tampoco aquella vez hubo afición rojiblanca en los graderíos. La correspondiente celebración tuvo carácter meramente privado.

Quizás eso sea lo más difícil de asimilar y acatar, pero resulta imprescindible. No se pueden repetir escenas como las vividas ayer en Lezama en el momento de la salida de los jugadores del Athletic. Esto va de otra cosa. Esta final es solo una final de Copa a ras de césped. Cualquier parecido con la anterior realidad es mera coincidencia.


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