Muguruza sufre a Ons Jabeur

Muguruza resiste, pelea, brega. Pero da igual. Enfrente hay un volcán en erupción que escupe talento y genialidades a través de su raqueta. Ons Jabeur, en pleno éxtasis, desatada, se divierte sobre el tapete de la central de Wimbledon, donde lo mismo brinca que da toquecitos a los pies con la pelota, como si fuera una futbolista, o se inventa un majestuoso revés en suspensión que deja con la boca abierta a quien observa. La tunecina, primera mujer árabe que ha logrado conquistar un título profesional en el tenis, completa el festival después de 2h 26m de puro divertimento y cierra definitivamente el paso a la española, que quiere y, de momento, no puede: 5-7, 6-3 y 6-2. De nuevo, Garbiñe se despide mucho antes de lo deseado de un grande.

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No le falta empeño a Muguruza, que arrancó el curso con energías renovadas y un primer trimestre más que esperanzador, con abundancia de victorias e imponiendo respeto otra vez. Sin embargo, llegada la primavera comenzó a torcerse el rumbo y aparecieron algunos problemas musculares que la atraparon como un cepo. Encalló en la primavera y se fueron la chispa y el ritmo, la seguridad y la confianza que había ganado en el despegue de la temporada, y a partir de ahí se acabó el buen paso. Patinó en París (1ª ronda) y en Londres se le presentaba una jugosa oportunidad en la que era, es a priori, la rama más amable del cuadro. Pero nada más lejos de la realidad. La ruta escondía una trampa.

Se llama Ons Jabeur, una tunecina de 26 años que ocupa la 24ª posición del ranking y que lleva unas cuantas semanas jugando a las mil maravillas, creciendo como la espuma. Había levantado el trofeo de Birmingham hace un par de semanas y venía como un tiro, enarbolando ese tenis creativo que tanto se echa en falta en estas fechas. Lo sabía Muguruza, que abordaba el duelo con recelo, puesto que Jabeur está en boca de todo el vestuario —junto a Aryna Sabalenka, es la jugadora con más victorias (32) este curso— y ya le exigió sobremanera la única vez que se habían enfrentado, el año pasado en Hobart; puesta sobre aviso, lo puso todo de su parte, pero en cuanto su rival dio un paso definitivo al frente tan solo pudo remar y repeler.

“Todavía estoy pensando qué me ha faltado… Ha sido extraño, estoy un poco confusa”, afirmó en la sala de conferencias. “En el primer set he conseguido hacerle daño, pero en el segundo me ha faltado determinación y ella ha jugado muy bien, y en el tercero se me ha escapado muy rápido. Tiene un juego muy inusual, no es fácil leerle las jugadas. Lo he pasado mal, porque he tenido mis oportunidades [3/12] y no he conseguido convertirlas”, lamentó Muguruza.

De la resistencia a la crisis

No pisaba la española la Centre Court desde hacía tres años, y pese a los nervios iniciales de la tunecina comprobó muy rápido lo que tenía delante. De entrada, Jabeur enseñó sus cartas y se inventó un golpe en carrera que sorteó el poste de la red por el exterior, y poco a poco fue enseñando sus cartas. Dejada va y dejada viene, intentó desconcertarle a base de cambios de ritmos y alturas, lo mismo percutiendo con tiros profundos y planos que raseando la bola para buscarle las cosquillas. Valiente, Muguruza mantuvo el tipo durante el primer parcial y trató de imponer su versión más directa, logrando anotarse esa primera manga a fuerza de orgullo y oficio, sacando el escudo. Pero Jabeur no dudó un ápice: mantuvo la propuesta y siguió al abordaje.

La española se pasó casi toda la tarde achicando agua, y si el litigio se extendió fue porque estuvo brillante en la fase defensiva; abortó hasta 24 opciones de rotura de la tunecina, pero esta la atrajo a la red, consciente de que ahí Muguruza sufre más de la cuenta –erró 18 veces de las 34 que se aventuró a subir–, y empezó a dar una puntada tras otra una vez que logró decantar el segundo set, con el break del octavo juego. Ahí llego la crisis, el momento en el que Jabeur creció definitivamente y se adueñó del partido en todas sus vertientes. Firmó 11 puntos consecutivos en el arranque del tercero, aprovechando al aturdimiento, y desde ese punto puso la directa sin remisión.

Aunque los nervios le condujeron de urgencia hacia el fondo a la hora de cerrar, expresados liberatoriamente en el vómito, la africana selló una magnífica actuación. De este modo, se medirá con la polaca Iga Swiatek en los octavos, mientras que Muguruza no logra franquear la barrera de la tercera ronda en Londres desde que se coronase en 2017, y no consigue remontar el vuelo en los grandes escenarios: los octavos del Open de Australia fijan su tope en este 2021.

“A principio de año me noté con mejor inercia y tuve buenos resultados. He apartado un poco la gira de tierra, porque no quería pensar en ella, y aquí me he encontrado mejor. No tengo la sensación de que me vaya jugando mal, aunque depende mucho de mí y no consigo cerrarlo cuando debo cerrarlo”, se afeó la 12ª del mundo. “La sensación es agridulce, no son los resultados que quiero, lógicamente. Pero sé que son detalles, tengo que analizar. Quiero ganar y hacerlo bien, y eso a veces te nubla un poco. Pero no estoy mal de estado de ánimo, sino que prefiero mirar hacia adelante y pensar en cómo voy a prepararme para los Juegos. Creo que estoy en una buena línea y los resultados volverán. Quiero verlo así”, zanjó.

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