Muñiz empieza a imprimir su sello


El Alavés sale reforzado del partido en el Alfredo
Di
Stéfano. Frente al Real
Madrid, se vio a un equipo más atrevido que con Asier
Garitano
, pero igual de vulnerable atrás que en los últimos encuentros. A pesar de que ya encadena seis derrotas seguidas y continúa con 35 puntos, el primer partido de López
Muñiz ofreció algunos detalles para la esperanza.



Con mucho por hacer y sin tiempo para nada, al menos el asturiano ya empieza a imprimir su sello. Por lo visto ante el líder, la plantilla quiere seguirle. Ahora, en las tres finales que restan, habrá que ver si puede.

El nuevo entrenador quiere pisar fuerte en su arranque. La premura de fechas le obliga a conectar con sus futbolistas como sea. Tal vez por ello, el equipo encaró el primer choque de su etapa con una actitud muy distinta a la que tenía en la recta final de su antecesor. Eso sí, volvió a perder y son ya seis jornadas sin ganar.

Más juego

En su presentación, el asturiano incidió en que este Alavés tenía “virtudes” que hay que aprovechar. “Tenemos pegada, buenos delanteros, un centro del campo con buen juego y velocidad”, destacó. En Madrid intentó sacar beneficio de todas ellas. Para ello, en primer lugar, aparcó las radicales rotaciones de su predecesor en los últimos duelos -hasta nueve y diez cambios de un partido a otro- y, en segundo, afrontó la cita con un planteamiento mucho menos conservador, buscando un mayor equilibrio entre la defensa y el ataque.

López
Muñiz sólo reservó a Tomás
Pina de cara al duelo contra el Getafe -el manchego tiene cuatro amarillas-. El resto de los pesos pesados comparecieron ante los de Zidane aunque, como es normal, sí sentó a los dos delanteros –Lucas
Pérez y Joselu– para darles descanso cuando el choque ya estaba decidido.

Muñiz mantuvo el esquema de Garitano, pero intentó jugar con la defensa más adelantada

Aunque mantuvo el 1-4-4-2, el sistema más utilizado por el ex técnico babazorro, sí introdujo varios matices. El equipo trató de jugar con la defensa más adelantada siempre que le fue posible y, aunque no renunció a los desplazamientos largos, trató de jugar más en corto la pelota, con Camarasa como claro referente a la hora de crear juego en la zona ancha.

También, al igual que hizo en sus mejores momentos de esta Liga, el Alavés volvió a presionar en zonas adelantadas para tratar de robar balones y aprovechar la velocidad de sus hombres de ataque.

Con todo ello, Lucas
Pérez y Joselu estuvieron más asistidos y pudieron entrar más en juego. Aunque no marcaron, volvieron a pisar de nuevo el área con peligro. Un dato refleja la efectividad de estos cambios: con sólo un 29% de la posesión, el equipo realizó diez remates a portería; casi más que en todos los partidos de esta alocada recta final de campeonato.

Fragilidad y lesiones

Otro aspecto positivo es que, pese a encajar muy pronto el 1-0, los babazorros lo siguieron intentando hasta que le duraron las fuerzas. Está claro que, si mantienen todas estas señales positivas en los próximos duelos, la permanencia es muy posible.

Sin embargo, tal y como destacó el propio López
Muñiz, el Alavés debe recobrar la intensidad y solidez defensiva que le convirtieron en un hueso muy duro de roer para sus adversarios. En varias fases del choque ante un líder que no quiso hacer sangre, volvió a repetir errores muy graves. El penalti que originó el 1-0 por parte de Ximo
Navarro es evitable y, en el 2-0, Benzema y Marco
Asensio ganaron con extrema facilidad la espalda a la defensa para marcar a placer.

Las lesiones de Pacheco, Rubén Duarte y Ximo Navarro condicionan los próximos partidos del Alavés

A todo esto se unen la aparición de lesiones importantes. A las bajas de Pacheco y Rubén
Duarte, se suma ahora la de Ximo
Navarro. Así, el equipo debe jugarse la vida sin su portero y sin sus dos laterales titulares en esta segunda vuelta.

“Ante el Getafe nos espera un partido diferente; con una exigencia física máxima que debemos igualar porque, si no, le daremos ventaja al rival”, alertó el asturiano. La pelota está ahora en el tejado de los jugadores, obligados a recuperar su mejor versión o, al menos, dar el nivel suficiente para sumar un triunfo que garantice la permanencia.


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