¡Nada de relajarse!

Grata sorpresa en el Sánchez Pizjuán. Parece que había más de lo que parecía. Quedan partidos para sumar, probar cosas, ver rendir a chavales y dejar buena imagen. Y quedar lo más arriba posible. Por si acaso…

Una de las cuestiones que más ha chocado a nuestro míster es la teórica falta de capacidad de nuestros jugadores para rendir de forma prolongada en una competición larga. Se quejaba de que no habíamos conseguido dar dicho rendimiento a lo largo de los diez meses que dura la temporada. Y hacía ver que posiblemente la distracción por objetivos puntuales, como la Supercopa o las dos finales de Copa, haya provocado un itinerario desalentador en la competición liguera.

Sin quitarle en ningún momento la razón, los últimos partidos sí que han dejado claro que potencial hay y que en ocasiones lo que no se ha hecho es una adecuada utilización de los recursos, sea por desconocimiento, por cortoplacismo o porque cuando se entra a una casa nueva en ocasiones se intenta molestar lo mínimo, tratar de mover lo menos posible.

Pero cuando de verdad Marcelino tiene la oportunidad de demostrar la idoneidad de su fichaje, de revertir dicho diagnóstico en base a conocimiento y capacidad, es a partir de ahora. Viendo nuestros recursos, probando jugadores, tomando decisiones, diseñando junto a su cuerpo técnico una pretemporada y preparación física que sí que serán suyas y no heredadas.

Y, por supuesto, será fundamental ver su capacidad para inculcar esa competitividad en objetivos largos que echa a faltar en nuestra plantilla. A su vertiente motivadora corresponde dicho logro, y no dude que se la va a demandar. Si ha sido capaz de emitir un diagnóstico, que por cierto es algo que efectivamente está en la calle, ahora le toca aplicar la medicina adecuada. A eso ha venido.

Este equipo no puede transitar por más tiempo en tierra de nadie y debe, de una vez por todas, pelear y entrar en Europa.


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