Neil Young: grandes versiones para grandes canciones

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A Neil Young le cambió la vida en 2005, cuando sufrió un aneurisma cerebral. No solo porque logró recuperarse: también porque desde ese momento (tenía 60 años) decidió no guardarse nada. Cada canción que se le ocurre, la graba y la edita. Además, rebusca en su amplió baúl de 55 años en la música y ofrece a sus fans discos vintage que no se atrevió a publicar en su momento (el sensacional Homegrown), o directos vigorosos (Return to Greendale, que vio la luz hace solo unas semanas). Ah, y ese monumental Neil Young Archives Volume II: 1972-1976, nada menos que diez discos, 131 canciones, 63 inéditos.

Decía el cantante de Scissor Sisters, Jake Shears, un grupo de música bailable alejado bastante de la propuesta del canadiense, que cada mes dedicaba ingentes horas a escuchar un disco de Neil Young. Al mes siguiente, otro álbum. Y así toda la discografía. “Un mundo musical inagotable”, añadió.

Hay que tener cierto valor para enfrentarse a canciones de Young. Y, sobre todo, salir de allí sin heridas profundas. Estos son algunos que lo han logrado.

Una de las más sorprendentes y adictivas es la recreación de Saint Etienne del lamento amoroso que es Only Love Can Break Your Heart. Nunca Young se vio en una igual: sonando en un after bailado por gente que probablemente no sepa quién es. Así de grande es la música del canadiense.

Merry Clayton, la potente voz negra que acompañó a Mick Jagger en el épico Gimme Shelter, pasó por el funk Souther Man, y le quedó francamente bien. Los Pixies distorsionaron aún más Winterlong. También chirriante suena Computer Age en manos de Sonic Youth. Los neoyorquinos hacen lo que el aficionado duro a Young querría: inserta guitarrazos donde Young puso teclados y autotune. Son cosas de Trans, el disco maldito del canadiense. Ahora todo el mundo utiliza autotune. Recordemos: Trans es de 1983.

La dolorosa The Needle and the Damage Done cobra otra dimensión en la versión de la siempre deliciosa Laura Marling. Pasemos al capítulo de grupos-que-mueren-por-neil-young. Por aquí aparecen Teenage Fanclub, que han cultivado la costumbre añeja de editar sencillos e incluir piezas inéditas con gancho. En el de la maravillosa Everybody Flows adjuntan Don’t Cry No Tears, el tema que abre el monumental Zuma, de 1975. Teenage Fanclub todavía no eran esa banda estilista y fina que desarrollaron luego. La grabación es de 1991, y el rock alternativo con su distorsión y sonido sucio estaba a punto de explotar. Una interpretación visceral, sin duda.

Los Wilco de Jeff Tweedy también profesan la religión Young. Ellos se fueron a Buffalo Springfield, la banda que montó el canadiense con, entre otros, Stephen Stills, con quien luego formaría Crosby, Stills, Nash and Young. Del primer disco de los Springfield (de 1966), Wilco escogen la maravillosa Burned, en una versión de guitarras country que suena recia. Y si Teenage Fanclub y Wilco son devotos, no digamos Pearl Jam, que todavía no se creen haber compartido un disco (Mirror Ball, 1995) y conciertos con el canadiense. La banda de Eddie Vedder ha versionado varios temas de su ídolo, pero nos quedamos con el furibundo Fuckin’ Up (del fenomenal Ragged Glory, 1990), al que el vocalista de Pearl Jam le infunde gruñidos extra.

Seguramente Helpless es una de las cinco mejores canciones de Young. Y eso es decir mucho. Inolvidable aquella interpretación de este tema en A Coruña, al piano, en el llamado Concierto de los Mil Años, allá por 1993. Los galones le dan derecho a Patti Smith a interpretarla. Y no sabe mal parada. Nos parece mejor la de K.D. Lang, más instrumentada, dentro de que las dos no se salen de las pautas generales de la original, no vaya a ser que descarrilen.

Radiohead han tocado en directo Cinnamon Girl, no siendo (raro en ellos) nada originales, ya que es una de las canciones de Young más versionadas. Le deben tener demasiado respeto al maestro y también se nota en su interpretación, bastante fiel a la original.

Recomendabilísima la interpretación de Johnny Cash de Heart of Gold, otro de los temas más conocidos de Young. Musicalmente es tibia: se olvida de meter la armónica. Pero cuando entra esa voz de Cash ya no puedes dejar de escuchar. Está grabada en los últimos años de Cash, cuando su tono seguía sonando poderoso, pero a la vez frágil. Una hondura endeble que llega a estremecer.


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