Toc, toc, Luis Enrique, ¿estás ahí?

Andoni
Gorosabel ha dejado de ser ese lateral bisoño en la elite a la sombra de Zaldua. El de Arrasate, mermado por el poco rodaje en Primera División, quemó la pasada campaña una etapa sin demasiadas apariciones con la camiseta txuri urdin y en ésta, empujado por el soberbio momento del equipo, está confirmando las buenas aptitudes que ofreció durante su crecimiento por el árbol de Zubieta y que ya mostró sin titubeos en el Sanse.

En Balaídos, Gorosabel fue un torbellino, una gacela con el tanque de gasolina a rebosar, un defensor contundente e inapelable en el corte, un jugador, en definitiva, como la copa de un pino. Ya no se trata de una aparición fugaz y sorprendente. La flor de un día, o de dos. La constancia y la regularidad que está demostrando saltan a la vista y obligan a replantearse hasta dónde puede llegar. Ya son 10 partidos consecutivos, los ocho de Liga y los dos de Europa League, dando el callo sin descanso y siempre por encima, muy holgadamente, del aprobado.

A la vista de su rendimiento cabe preguntarse si no merece que Luis Enrique le tenga en sus oraciones. El seleccionador, al que no le tiembla el pulso a la hora de elegir, seguramente ya habrá tomado nota de lo que Gorosabel quiere y puede hacer.

Ante el Celta, sin ir más lejos, destacó su tenacidad para abarcar, de un fondo a otro, todo el carril derecho de la Real. Los escasos escarceos celestes los abortó con contundencia, asistió a Sagnan cuando fue necesario y demostró que se entiende a las mil maravillas con Oyarzabal.

La Real arrancó con decisión volcando gran parte de su ofensiva por el área de influencia del de Arrasate. Después de intercambiar pareceres con el capitán, que le indicó cómo trabajar juntos para tumbar al Celta, Gorosabel creció junto al juego del equipo. Desdobló, condujo por dentro, se permitió alguna virguería para quitarse la presión de los defensores y fue uno de los principales impulsores del juego. Contagió su insaciabilidad y su inconformismo y coronó su partido con la asistencia a Oyarzabal en la acción del 0-2. Lejos de limitarse a buscar línea de fondo para centrar, el lateral rompió por el interior y vio el hueco para ponerle el balón al ‘10’. A pesar de que la estadística le dejará en el olvido, porque Oyarzabal envió el balón a las redes tras un rechace del poste, el vídeo no engañará a nadie.

Jefe y capitán

La precocidad de esta Real y el valor intangible de Zubieta también se aprecia en otros pequeños detalles. Gorosabel, con 40 partidos con la Real a sus espaldas, portó el brazalete durante 20 minutos tras el adiós de Oyarzabal en el descanso. Además de jefe, capitán.


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