Una globalización centrada en los seres humanos

Una globalización centrada en los seres humanos

India inicia este 1 de diciembre su presidencia del G-20. Las 17 presidencias anteriores dieron frutos significativos: garantizaron la estabilidad macroeconómica, racionalizaron la fiscalidad internacional y aliviaron la carga de la deuda de los países, entre otros muchos resultados. Nosotros nos beneficiaremos de estos logros y seguiremos construyendo a partir de ellos.

Sin embargo, ahora que la India asume este importante cometido, me pregunto si el G-20 puede ir todavía más allá. ¿Podemos catalizar un cambio fundamental de mentalidad que beneficie a toda la humanidad? Yo creo que sí.

Nuestra mentalidad la modelan nuestras circunstancias. A lo largo de la historia, la humanidad vivió en la escasez. Luchábamos por unos recursos limitados porque nuestra supervivencia dependía de que se los negáramos a otros. El enfrentamiento y la competición ―entre ideas, ideologías e identidades― se convirtieron en la norma.

Por desgracia, actualmente seguimos atrapados en la misma mentalidad de suma cero. Lo vemos cuando los países luchan por el territorio o los recursos. Lo vemos cuando el suministro de bienes esenciales se convierte en un arma. Y lo vemos cuando unos pocos acaparan las vacunas mientras miles de millones de personas siguen siendo vulnerables.

Algunos podrían alegar que el enfrentamiento y la codicia forman parte de la naturaleza humana. No estoy de acuerdo. Si los seres humanos fuéramos egoístas por naturaleza, ¿cómo explicar el persistente atractivo de tantas tradiciones espirituales que defienden la unidad fundamental de todos nosotros?

Una de estas tradiciones, popular en la India, considera que todos los seres humanos, e incluso los objetos inanimados, están compuestos por cinco elementos básicos: los panchtatva de la tierra, el agua, el fuego, el aire y el espacio. La armonía entre ellos ―dentro de nosotros y entre nosotros― es esencial para nuestro bienestar físico, social y medioambiental.

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La presidencia india del G-20 se esforzará en fomentar este sentimiento universal de unidad. De ahí nuestro lema: “Una tierra, una familia, un futuro”. No es simplemente un eslogan, sino que toma en consideración los cambios recientes en las circunstancias humanas, que no hemos sabido apreciar de manera colectiva.

Hoy en día tenemos los medios para producir lo suficiente para cubrir las necesidades básicas de toda la población del mundo. Hoy en día no necesitamos luchar por nuestra supervivencia; nuestra época no tiene por qué ser una época de guerra. De hecho, no debe serlo. Hoy en día, los mayores desafíos a los que nos enfrentamos ―el cambio climático, el terrorismo y las pandemias― no pueden resolverse luchando entre nosotros, sino únicamente actuando juntos. Afortunadamente, la tecnología actual también nos proporciona los medios para abordar los problemas a escala de toda la humanidad. Los enormes mundos virtuales que habitamos hoy demuestran la adaptabilidad de las tecnologías digitales.

La India, que acoge a una sexta parte de la humanidad y posee una inmensa diversidad de lenguas, religiones, costumbres y creencias, constituye un microcosmos del mundo. Dueña de las tradiciones de toma colectiva de decisiones más antiguas que se conocen, la India contribuye al ADN fundacional de la democracia. El consenso nacional en la India, como madre de la democracia, no se forja por decreto, sino fundiendo millones de voces libres en una melodía armoniosa.

Actualmente, la India es la economía grande que más rápido crece. Nuestro modelo de gobernanza, centrado en los ciudadanos, se ocupa incluso de los más marginados, al tiempo que alimenta el genio creativo de nuestra talentosa juventud. Hemos intentado hacer del desarrollo nacional no un ejercicio de gobernanza desde arriba, sino un “movimiento popular” dirigido por la ciudadanía. Hemos aprovechado la tecnología para crear bienes públicos digitales abiertos, inclusivos e interoperables. Esto ha permitido avances revolucionarios en campos tan diversos como la protección social, la inclusión económica y los pagos electrónicos.

Por todas estas razones, las experiencias de la India pueden aportar conocimientos para posibles soluciones mundiales. Durante nuestra presidencia del G-20 presentaremos las experiencias, el saber y los modelos de nuestro país como posibles pautas para otros, en particular para el mundo en desarrollo. Nuestras prioridades en el G-20 las estableceremos en consulta no solo con nuestros socios del grupo, sino también con nuestros compañeros de viaje en el Sur Global, cuya voz a menudo no es escuchada. Los temas prioritarios se centrarán en sanar “nuestra Tierra”, crear armonía en “nuestra familia” y transmitir esperanza en “nuestro futuro”.

Para sanar nuestro planeta fomentaremos estilos de vida sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, basados en la tradición india de custodia de la naturaleza. Para fomentar la armonía en la familia humana trataremos de despolitizar el suministro mundial de alimentos, fertilizantes y productos médicos, de forma que las tensiones sociopolíticas no provoquen crisis humanitarias. Al igual que en nuestra propia familia, los más necesitados deben ser siempre nuestra primera preocupación. Para infundir esperanza en nuestras futuras generaciones, impulsaremos un diálogo honesto entre los países más poderosos sobre la mitigación de los riesgos que plantean las armas de destrucción masiva y el aumento de la seguridad mundial.

El programa de la India para el G-20 será inclusivo, ambicioso, orientado a la acción y decisivo. Unámonos para hacer de la presidencia de la India una presidencia de sanación, armonía y esperanza. Trabajemos juntos para crear un nuevo paradigma de globalización centrada en los seres humanos.

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