Virginia Feito: “Soy obsesiva compulsiva pero tengo herramientas para cerrar bucles”

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Virginia Feito (Madrid, 34 años), ha tomado para empezar como escritora el camino inverso. Ha creado su primera novela en inglés, La señora March (Lumen), para que se la traduzcan al español. Y no solo ha logrado ambas cosas. También que Elisabeth Moss compre los derechos para adaptarla al cine después de que la compararan con Patricia Highsmith. Hablamos con la escritora revelación esta temporada.

Pregunta. ¿Qué tal le sienta el éxito?

Respuesta. Bien, estoy agradecida, pero muy histérica.

P. ¿Como la señora March?

R. Espero que mejor persona. Aunque tiene muchas cosas mías: es obsesiva compulsiva.

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P. Su libro, si me permite la apreciación, pareciera escrito por una católica que busca ser protestante.

R. ¡Ostras! ¡Qué twist! ¿Los protestantes tienen menos sentido de culpa? No sé, bueno, mis padres son católicos y he ido a misa, quizás de ahí viene. Íbamos el sábado por la tarde, en Mirasierra. Era más práctico, cantaban menos.

P. En sus descripciones es muy puntillosa. Entra a un espacio y el lector ve. ¿La literatura hay que hacer que se vea o que se sienta?

R. Ambas cosas. No todo. Por ejemplo, a los personajes físicamente no los describo. Los sitios, las cosas preciosas y las asquerosas, sí.

P. ¿Qué dice su psicólogo de esto?

R. Probé con varias terapias. La última que me trató me ha dado el alta. Erróneamente. Me diagnosticaron eso: obsesiva compulsiva. Y me han dado herramientas para cerrar los bucles.

P. ¿Alguien le aconsejó que para cerrar los bucles sería bueno escribir un libro?

R. No, eso me lo aconsejé yo.

P. La han comparado con Patricia Highsmith. ¿Se pasaron?

R. No sé… Ella era alcohólica, yo no. Bueno, todavía no.

P. ¿Otros vicios?

R. Nutella, a cucharadas, todas las noches.

P. Volvamos al bucle… Es un ‘y si…’ permanente. Aunque puede acabar bien. ¿Y si escribo un libro y lo quiere adaptar al cine Elisabeth Moss? Eso le ha pasado.

R. Ya, los bucles pueden acabar bien. Pero luego también te rayas. Y si lo nominan al Oscar, ¿qué me pongo? Vuelta a empezar.

P. ¿Desde cuándo escribe?

R. Desde los cinco años. Escribí un cuento de una niña que estaba despierta por la noche, se comía una tarta entera y se le caían todos los dientes. Se llamaba La nena danzó.

P. ¿Se le caían los dientes por la culpa?

R. No, por la tarta.

P. Creo que por la culpa.

R. Ah, ¿estamos buscando cosas raras? Había algo turbio, sí, pero acababa bien porque llega el ratoncito Pérez y se hace rica de una vez. Bueno, rica, pero sin dientes, claro. No acaba tan bien.

P. Ahora escribe en inglés.

R. Desde pequeña, también. Empecé imitando a Roald Dahl, a Dickens, a los que me gustaban. Se empieza imitando, ¿no? Aunque luego hay una diferencia entre eso y la inspiración, que es distinto.

P. ¿Ha probado a escribir en español?

R. Sí, pero me sale peor, creo. Me sale más humor, eso sí. Los guiones los escribo en español.

P. ¿También son retorciditos?

R. Sí, siempre, pero con humor. Estamos todos un poco trastornados. Pero no siempre de los trastornos te sale una buena novela. A veces pienso que escribo para que la gente empatice conmigo en eso, en que hay cosas realmente asquerosas, como una cucaracha. ¿Realmente sabéis el asco que da una cucaracha?

P. El asco es subjetivo.

R. Sí, todo es subjetivo. Según como lo describas, también. El lenguaje puede perturbar. Y todos somos contradictorios, te lo dice alguien que tiene también diagnosticada disonancia cognitiva, es decir, que tus valores no se alinean con tus acciones. Y ahí entras en bucle, otra vez.

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