Wendy Kopp, la activista que ha reclutado a 100.000 universitarios carismáticos para transformar la escuela


La estadounidense Wendy Kopp (Texas, 54 años) recibió una excelente formación desde su infancia y no lo olvida. Consciente de la gran oportunidad que le brindó la vida, en 1989 dedicó su tesina de fin de carrera en la elitista Universidad de Princeton a idear un plan para crear un cuerpo nacional de profesores que formase a los más desfavorecidos para ser los líderes del mañana. Su trabajo académico no terminó en un cajón como tantos, sino que ella misma empezó a levantar a las pocas semanas la organización sin ánimo de lucro Teach for America (Enseña para América), germen de Teach for All (Enseña para todos). Este ambicioso proyecto que recluta y forma a profesores está ya presente en 61 países a través de una red de entidades autónomas y el pasado martes le valió a Kopp el premio WISE 2021 de innovación educativa de la Fundación Qatar, publicitado como “el nobel de la educación” y dotado con 500.000 dólares (algo más de 441.000 euros).

Si Wall Street recluta a los mejores estudiantes, ¿por qué no la enseñanza?, se preguntó Kopp. Ese verano de 1989, la activista se reunió con filántropos, educadores y todo el que la quiso escuchar. Y desde el principio su idea prendió. Fue capaz de recaudar algo más de 2,2 millones de euros y alistó a 400 nuevos docentes que confiaron en su propósito. En Estados Unidos ahora son 5.000, pero si se cuentan los comprometidos en los 61 países se alcanza la cifra de 100.000 titulados universitarios en 31 años (en los 14 últimos, con expansión por el mundo). Los docentes se comprometen a enseñar al menos durante dos años y el 75%, según sus cálculos, prosigue durante un tiempo largo en la enseñanza o trabajando contra la desigualdad en otros ámbitos.

“La presión social para que los universitarios hagan carrera profesional es enorme, por eso el proceso de selección de profesores que hacen nuestros socios es difícil y casi agresivo. Hay presión familiar, sobre todo para los alumnos del sector de la tecnología y entre los que provienen de entornos pobres y han logrado estudiar”, relata Kopp en el encuentro educativo de Doha, al que EL PAÍS asiste invitado por la organización. En Finlandia y Singapur, donde el oficio de maestro está muy prestigiado y los sueldos son aceptables, ser seleccionado es un honor reservado a muy pocos graduados brillantes, pero no es lo habitual. En el país de Kopp, Estados Unidos, el 70% de los profesores se siente “frustrado y estresado”, según una encuesta de la Universidad de Yale de 2017.

¿Cuál es la receta de Kopp para alistar a graduados carismáticos? “Se convence a los buenos estudiantes con el mensaje de que es una gran oportunidad de cambiar el mundo, de impactar en la sociedad y tener responsabilidades muy pronto en sus carreras. Se les cuenta que entran en una fuerza de líderes que comparte su convicción en la necesidad de cambiar el sistema”, explica sobre su método, que en 2007 empezó a exportarse por el mundo. En España están presentes a través de la ONG Empieza por Educar, que ha trabajado según la entidad con 50.000 niños en 10 años.

Kopp argumenta con optimismo que la mentalidad de los titulados está cambiando: “En mi generación, la gente solo pensaba en ganar mucho dinero y ahora muchos chicos prometedores quieren transformar el mundo. El reto es llegar a ellos cuando están interesados las consultoras, los bancos… Creo que han cambiado las prioridades de esta generación y eso tiene un valor incalculable”. La activista sostiene que “siempre ha habido gente dispuesta a formar parte de algo que marque la diferencia y organizaciones como las nuestras les dan esa oportunidad”, pero ahora, más que nunca, crecen los retos “de desigualdad, salud pública, de sostenibilidad, de justicia…”. Y para afrontarlos, piensa, se necesita gente “con pensamiento crítico y empatía”.

Formación durante dos años

Teach for all no financia a las organizaciones, sino que en cada país las entidades buscan fondos de fundaciones, particulares o de la Administración. Y el reclutamiento de los profesores, que reciben formación durante un verano y apoyo durante dos años con un programa de desarrollo profesional, se adapta a cada lugar. “Durante esos dos años los profesores están muy centrados en los chicos de su clase y sus metas, y ellos mismos sufren una transformación al ver las potencialidades de sus alumnos, lo que los lleva a buscar soluciones a esa desigualdad”.

El profesor ideal no tiene que ser, para Kopp, el que mejores notas obtuvo en la carrera. “Los mejores líderes son capaces de trabajar con sus alumnos, sus familias y la comunidad con una visión clara, optimizando los recursos disponibles. Por eso buscamos potenciales líderes que sean perseverantes en los retos, con capacidad de motivar o incentivar a otros o de resolver problemas”, enumera. Y está entusiasmada por la respuesta que ha recibido en todo el mundo. “Por ejemplo, desde Chile se ha puesto en marcha todo un movimiento en Latinoamérica. Lo que se necesita es gente determinada a hacer algo similar en sus países y les ayudamos, integrando su organización en nuestra red”, continúa. Ella vive en Manhattan con su marido Richard Barth, al frente de una fundación educativa (KIPP), y sus cuatro hijos, pero la organización no tiene unas oficinas centrales. “Tenemos a 150 personas viajando por el mundo, un equipo global. Hasta la pandemia yo viajaba muchísimo”, recuerda.

Un informe de la Unesco de esta semana calcula que los países apenas han destinado a educación un 3% de los fondos extra destinados a hacer frente a la pandemia, un porcentaje que preocupa mucho a Kopp. Pero se muestra positiva, no solo por la implicación de las nuevas generaciones que enseñan, sino por las innovaciones pedagógicas inspiradoras para sacar el potencial de los escolares: “Esta generación tiene habilidades para rehacer el mundo”.

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