Yaw Acheampong: “Me hicisteis sentir como en casa”


Yaw Acheampong (Accra, 48 años) tarda pocos segundos en lucir su sonrisa a través del hilo telefónico. Una sonrisa que salta al escuchar “San Sebastián”. “Es la primera vez que me entrevista un medio de allí desde que me fui”. Han pasado 25 años desde que aquel ghanés de 22 años aterrizara en Donostia procedente de la segunda división sueca. Tras dos temporadas como txuri urdin en las que disputó 20 partidos, Yaw se marchó al Hércules, después a Turquía hasta que su pista se perdió para muchos en el corazón de África. Un cuarto de siglo después, aquel centrocampista de alegría perenne no se olvida de un etapa que le marcó para siempre.



¿Qué es de su vida?

Todo va bien para mí. Estoy feliz de estar trabajando en Ghana. Mi familia vive en la capital, Accra, pero los Sharks, mi equipo, juegan en Elmina (a 150 kilómetros, más de tres horas por carretera).

¿Tiene hijos?

Sí, cuatro. El tercero quiere ser futbolista. Veremos si puede copiar a su padre.

Ha sido el mejor entrenador de la Liga en febrero. ¿Qué tal les va?

Vamos cuartos. Estamos haciendo una buena temporada, pero ten en cuenta que el nivel no es como en Europa. Ahora la Liga está parada.

Han pasado 25 años desde que fichó por la Real. ¿Qué es lo primero que le viene a la mente?

Recuerdo a la gente de San Sebastián. Era maravillosa. Me cuidaron, tanto a mí como a mi familia. Siempre me sentí en casa, con la gente, los aficionados. También recuerdo mi club de fans. El que lo montó se llama Pedro. Pasamos muy buenos momentos con ellos.

¿Tiene relación con jugadores de aquella época?

¡Oh sí, sí! He hablado con muchos. Con Imanol, que lo está haciendo genial. Agustín Aranzabal, Marcus Pürk, Mutiu Adepoju, que vive en Nigeria, no muy lejos. También con Karpin, claro. No he podido contactar todavía con De Paula, o con Iñigo Idiakez. También hablé con Lorenzo, el capitán, y una vez me llamó el presidente, Luis Uranga.

Hizo muy buenas migas con Karpin.

Siempre me decía ‘Yaw está fuerte, está fuerte’ (se ríe). Le vi por Facebook y le mandé un mensaje que ponía ‘está fuerte’, y él se acordó y se reía mucho.

¿Recuerda aquel baile que hacían para celebrar los goles? Se chocaban las manos y después, el trasero.

(Se ríe) Ojalá hubiese marcado más goles para hacer el baile con Karpin. He de decir que era un baile excelente, y sin profesor. A veces, cuando comparto algo en Facebook, la gente me lo recuerda. Me hace mucha gracia.

¿Cómo se comunicaban? Karpin no hablaba inglés y usted no hablaba español.

Lo hacíamos por señas. Luego empecé a ir a una academia y en el equipo me enseñaron algunas palabras sencillas. Recuerdo una anécdota. Fue en Holanda. Yo estaba con Alberto Albistegi en la habitación y claro, no nos entendíamos. Era tremendo. Yo le hablaba en inglés, él en castellano, y al final nos entraba la risa. Los demás del equipo venían a la habitación porque no sabían qué pasaba. Sabían que no nos entendíamos y no se explicaban de qué nos podíamos reír. Y nosotros no podíamos parar.

¿Qué recuerda de su llegada a Donostia?

Las sensaciones fueron geniales. Me fueron a recoger al aeropuerto y me llevaron al hotel. Me ficharon a la vez que a Javi Gracia y Gica Craioveanu. También estaba Olabe. Olabe era una persona muy amable conmigo, me gustaría volver a verle. No sé qué es de él.

Ahora es el jefe, el director de fútbol de la Real

Eso es genial. Hablaba inglés, así que me ayudó mucho. Era muy cercano.

¿Qué me dice de Javi De Pedro?

Era buenísimo. Tenía una zurda que hacía cosas increíbles, cosas que el resto no imaginábamos. Trabajó muy bien. Metía goles impresionantes, impresionantes. Y era una persona muy agradable conmigo, tengo un gran recuerdo de él.

Hizo un partido soberbio contra el Real Madrid en pretemporada, incluidos dos caños.

Estaban Seedorf, Redondo, creo que Laudrup, Suker, Mijatovic… Vaya equipazo. Es uno de mis momentos más especiales, se lo suelo contar a mis amigos. Hice esto, lo otro… (risas).

¿Qué recuerdo guarda de sus entrenadores?

El primero fue Salva Iriarte. Me gustaba la manera que tenía de llamarme. ‘¡Yau!’, me decía. ‘¡Yau!’. Era gracioso. Teníamos un traductor que se llamaba Andoni (Iraola). Cuando quería decirme algo se lo decía a Andoni y Andoni me lo explicaba. Ahí es cuando me dijeron que fuera a la academia. Y luego llegó Javier Irureta. Él es el que me empezó a decir “fuerte, fuerte” en los entrenamientos. Y luego más alto, ‘’¡fuerte!”. Así que todo el mundo me empezó a decir ‘Yaw, estás fuerte’ (se ríe). Irureta también fue muy amable conmigo.

¿Qué es lo que más le sorprendió de la vida en Donostia?

Me encantó la comida, la ‘paella’.Y luego, vivir en Donostia me enseñó a ser disciplinado y a valorarme más. Cuando vas a un sitio y te reciben con los brazos abiertos, la gente se ríe contigo, te ayuda… No tuve nunca ningún problema. Me hicisteis sentir como en casa. A mí en San Sebastián me lo dieron todo sin que yo hubiese hecho nada a cambio. Todo. Los aficionados e incluso los medios. Cuando venían a hablar conmigo, veía el cariño que me mostraban a mí y a mi familia. Estoy muy agradecido por todo el amor que me brindaron. Ojalá pueda volver pronto.

¿Suele ver jugar al equipo?

Sí, siempre que puedo. A veces lo veo con la familia y recordamos tiempos bonitos. Creo que este es el año de la Real. Me encanta su fútbol, ves un partido y realmente lo disfrutas.

Y con su compañero Imanol a los mandos.

Una vez le mandé un mensaje en español. “Después de tres años aquí has mejorado; tu español es mejor que mi inglés”, me respondió (se ríe). Y me enseñó fotos de su familia. Estoy muy feliz por él y por lo que está consiguiendo con el equipo; con nuestro equipo.

Tras más de media hora de conversación, Yaw tiene un mensaje antes de colgar. “Manda mis saludos a todo el mundo, a todos los aficionados de la Real Sociedad. Enhorabuena por la gran temporada que están haciendo. Ojalá sigan haciéndolo todo con tanto corazón, apoyando así al gran equipo que es la Real. Si no fuese por el virus, estoy seguro de que el equipo estaría incluso más arriba. Espero que todo el mundo tenga salud. Me siento muy agradecido por todo”.

El ghanés siempre ha sentido el aprecio de la gente. “Tengo muchos amigos en Facebook de Donostia y la gente siempre me trata con mucho cariño, como en aquellos años. Es algo muy especial para mí”.

En febrero, Yaw estuvo a punto de dejar una rueda de prensa tras la derrota por 1-0 de su equipo ante el Legion City. “No voy a culpar a mi equipo porque no ha sido justo. No ha sido penalti”, declaró.

Ya en frío, lo recuerda con una carcajada. “No era penalti y me enfadé. Me dijeron que si no iba a la rueda de prensa me multaban, así que al final fui. Pero en mi cara podías ver que estaba cabreado”.

Yaw, cuyo objetivo es dirigir a Ghana en un futuro, reconoce que tiene carácter en el banquillo. “Puedes ser callado y acabar de entrenador. Pasaba con Javi
Gracia también, que le seguía mucho cuando entrenaba al Watford. Nunca vi a Javi
Gracia enfadarse en San Sebastián. Tampoco a Imanol. Y ahora, míralos”.

Elmina, lugar donde Yaw ejerce como entrenador, es una ciudad costera situada al sur de Ghana. “Es un sitio cálido y a veces viene gente de España. Todavía no he coincidido con nadie de Donostia, pero sí con gente de Zaragoza, Madrid, Arnedo o Bilbao. Y a veces estoy con ellos, salgo, les llevo a comer”.

Su papel de cicerone tiene su raíz en lo que vivió en Donostia. “Todo el mundo me quería, me apreciaba. Los compañeros y los amigos nos llevaban a mi mujer y a mí a sitios, a restaurantes… Es algo que me marcó y por lo que me siento muy agradecido. Por eso me gusta hacerlo ahora para ayudar a la gente que visita esta zona”.





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