El candidato presidencial chileno Gabriel Boric, saluda tras una rueda de prensa en Santiago, el 26 de noviembre de 2021.

El candidato de la izquierda, Gabriel Boric, lidera los primeros sondeos de la segunda vuelta electoral en Chile

El candidato presidencial chileno Gabriel Boric, saluda tras una rueda de prensa en Santiago, el 26 de noviembre de 2021.
El candidato presidencial chileno Gabriel Boric, saluda tras una rueda de prensa en Santiago, el 26 de noviembre de 2021.PABLO VERA (AFP)

El candidato de la derecha extrema chilena, José Antonio Kast, obtuvo la primera mayoría en las elecciones presidenciales de Chile del pasado 21 de noviembre, superando por dos puntos al abanderado del Frente Amplio de izquierda en alianza con el Partido Comunista, Gabriel Boric (27,91% contra un 25,83%, respectivamente). Pero, aunque la misma noche de la elección el republicano logró instalar un discurso convocante y en las horas sucesivas ordenó rápidamente a todos los partidos de la derecha oficialista en torno a su figura –incluso los liberales, que históricamente se le habían resistido­–, la ventaja con la que arrancó la carrera hacia el balotaje del 19 de diciembre se ha diluido en los días posteriores, al menos según las encuestas. De acuerdo a tres sondeos publicados en Chile este fin de semana (el de Black and White, Pulso Ciudadano y la encuestadora Cadem), Boric supera a Kast, aunque se le asignan distintos niveles de ventaja, que van desde los tres a los 16 puntos.

Es una elección de segunda vuelta inusual para Chile. Desde 1999-2000 las presidencias se han resuelto en balotajes, pero siempre entre los sectores moderados tanto de la izquierda como de la derecha. En la elección de hace 10 días, por otra parte, ninguno de los candidatos obtuvo sobre el 28% –algo inédito en el país­–, por lo que ambos deben conquistar a amplios sectores del electorado para llegar al 50%. No se descarta que se produzca por primera vez una reversión de resultados: que el que salió segundo en la primera vuelta supere a la primera mayoría, como nunca ha sucedido en el país.

Tanto Kast como Boric buscan moderar su discurso y su programa de Gobierno, sobre todo porque la nueva configuración del Congreso a partir de marzo de 2022 no hará posible que un sector político pase la retroexcavadora, como en la actualidad, donde tenía una evidente mayoría la oposición a Sebastián Piñera. En estos días de campaña, existe cierto consenso en que los resultados de primera vuelta ya cambiaron el escenario político chileno y que ninguno de los candidatos pueden mantenerse en las puntas del espectro.

Boric ha enfrentado evidentes tensiones internas desde el 21 de noviembre, sobre todo con el Partido Comunista, su principal aliado para llegar a La Moneda. El alcalde Daniel Jadue, al que Boric le ganó en la primaria presidencial en julio, insultó al 12,8% de los votantes del populista Franco Parisi, el candidato que obtuvo el tercer lugar sin haber pisado Chile. El dirigente comunista los calificó como “tremendamente individualistas”. “Lo único que buscan es más plata en el bolsillo”, aseguró Jadue sobre los votantes de Parisi, un electorado que Boric necesita conquistar para llegar al Ejecutivo. Guillermo Teillier, el líder de los comunistas, puso más leña a la hoguera al decir que no había tiempo para discutir un nuevo programa de Gobierno, cerrando la puerta a modificaciones que se hacen indispensables para conquistar a los moderados. Fue corregido por el propio Boric.

Pero los resultados de primera vuelta han obligado al candidato a buscar apoyos en otros sectores del progresismo para conseguir una mayoría, lo que inevitablemente ha llevado al Partido Comunista a ocupar un lugar menos visible en esta nueva etapa y, posiblemente, en un eventual nuevo Gobierno. Boric ha fichado a importantes economistas de centroizquierda para asesorar en su programa –Andrea Repetto y Eduardo Engel, entre otros–, y ha buscado apoyos en los sectores que alguna vez conformaron la extinta Concertación, que gobernó Chile entre 1990 y 2010. En una de las tantas paradojas de la política chilena, han sido dirigentes y partidos de este sector los que han arropado a Boric en esta etapa, pese a que el Frente Amplio de izquierda se instaló en el tablero justamente con el objetivo de reemplazar a la generación que lideró la transición.

El Partido Socialista lo respaldó la misma noche de la elección. Ricardo Lagos, que presidió Chile entre 2000 y 2006, apoyó a Boric prontamente, aunque su figura ha sido uno de los blancos predilectos de la nueva generación de izquierda, que lo acusa de políticas neoliberales. La fundación que Michelle Bachelet tiene en Chile, Horizonte Ciudadano, anunció su apuesta por Boric, lo que la propia Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU podría transparentar en su próxima visita a su país. La fotografía de Boric en una reunión privada la semana pasada con la presidenta de la Democracia Cristiana, Carmen Frei, fue el anticipo de lo que ocurrió en la junta nacional de esta formación, donde el domingo se decidió respaldarlo “sin condiciones”, aunque el partido se mantendrá en la oposición en caso de un triunfo del diputado el 19 de diciembre. “Hoy sé que la arrogancia generacional es una mala consejera, que no hay virtud per se en la juventud”, escribió Boric en una carta a los democristianos, apuntando hacia uno de los ejes de la nueva generación de izquierda, a la que se le critica sectarismo.

Boric, a su vez, ha fichado con gran resonancia la incorporación de figuras populares, como la renunciada presidenta del gremio de los médicos, Izkia Siches, una compañera de generación del candidato que tuvo una alta valoración ciudadana en 2020, en el marco de la pandemia.

Kast ha contraatacado con el fichaje de una de los rostros mejor posicionados del actual Gobierno, la que se desempeñó hasta ayer como subsecretaria del ministerio de Salud durante toda la crisis sanitaria, Paula Daza. Pero como Boric ha debido ponerse al día con asuntos relativos al orden público en los que Kast le llevaba amplia ventaja, el candidato republicano ha debido enfrentar fuertes reproches en el ámbito de las libertades individuales. La semana pasada, uno de los diputados electos del Partido Republicano, Johannes Kaiser, tuvo que renunciar a la formación luego de que se conocieran masivamente sus comentarios misóginos y xenófobos.

“Lo que pasa es que tienes una especie de esquizofrenia, las mujeres dejan de ir al parque a trotar porque tienen miedo de inmigrantes que las pueden violar, pero siguen votando por los mismos partidos que traen a esa gente y tú realmente te preguntas si el derecho a voto fue una buena idea”, dijo Kaiser en un vídeo de 2017, lo que provocó ahora el inmediato rechazo del candidato Kast, que necesita conquistar a los sectores moderados.

Pese a las incorporaciones de figuras populares de la derecha como Daza y el fichaje de economistas ligados a la centroderecha – Sebastián Claro y Sylvia Eyzaguirre, entre ellos–, el candidato del Partido Republicano no ha recibido el apoyo directo del candidato que obtuvo el cuarto lugar, el oficialista Sebastián Sichel. El abogado, que obtuvo el 12,78%, dijo que no va a votar por Boric, sin dejar en claro que va a hacerlo por Kast.

Mientras, Kast comienza este lunes por la noche una gira por Estados Unidos, para reunirse con empresarios y políticos. Busca aplacar en el extranjero su fama de extremo de derecha y entregar señales internas en torno al orden público, la responsabilidad fiscal y el impulso de las inversiones, en un contrapunto a Boric. En el viaje de 24 horas se reuniría con el senador republicano Marco Rubio.

Pese a lo que indican los primeros sondeos de esta nueva etapa de la carrera a La Moneda, sin embargo, todavía quedan casi tres semanas para el balotaje y se trata de una elección altamente competitiva que se podría definir por estrechos márgenes, sobre todo considerando la alta volatilidad del electorado. Nuevamente, será fundamental la cantidad de gente que llegue a las urnas en un país con una abstención estructural. En la primera vuelta, participó el 47% de los electores.

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