El regreso a la vida de Rebekah Stott

El regreso a la vida de Rebekah Stott

Cuando Rebekah Stott, tras superar un severo cáncer, recibió la llamada de la selección de Nueva Zelanda para participar en el Mundial que se iba a disputar en su ’casa’, una lluvia de emociones le sobrevinieron. “He recuperado mi antigua vida”, celebraba la estrella de las ‘kiwis’. Había pasado apenas un año desde que la defensa descubrió que padecía un linfoma de Hodgkin en etapa tres, una enfermedad que puso su mundo patas arriba.

Stott se erigía entonces en la gran figura de Nueva Zelanda, con un total de 84 partidos disputados, dos Copas del Mundo y dos Juegos Olímpicos en un país donde el fútbol femenino empezaba a abrirse camino con autoridad y que celebraba la llegada de la cita mundialista como un auténtico regalo. En este contexto, la jugadora recibía el shock de tener que lidiar con un cáncer en su mejor momento, cuando su nombre empezaba a sonar con fuerza tras haber dejado el Melbourne City de la A-League para jugar con el Brighton de la Premier inglesa, una de las Ligas más potentes del mundo.

Rebekah Stott, en acción

FIFA

Explica que notó un bulto justo encima de la clavícula derecha y ya se temió lo peor. Se sometió a algunas pruebas, cuyos resultados no fueron concluyentes, hasta que el bulto creció aún más y se constató el peor de los pronósticos. “Cuando lo escuché de boca de los médicos, no podía parar de llorar. No podía ser cierto. A los 27 años no te esperas tener cáncer… Tenía miedo pero entonces me dije: ‘¿Sabes qué? Sea lo que sea, voy a luchar contra esto y voy a estar bien”, explicaba la propia Rebekah en ‘The Guardian’.

Llevaba apenas tres meses en la Liga inglesa y estaba empezando a cumplir su sueño cuando el diagnóstico golpeó su vida. Sin tiempo que perder, la jugadora decidió hacer las maletas y regresar a Australia en medio de la pandemia de Covid-19, cuando los viajes internacionales aún estaban limitados, para tratarse sin demora.

El linfoma de Hodgkin es un tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático pero que se puede tratar de forma rápida. Pronto comenzaron las agotadoras sesiones de quimioterapia y los síntomas posteriores, que fue superando con paciencia y optimismo. Las noticias eran positivas. El tratamiento estaba funcionando después de cuatro ciclos. “Estaba tan feliz y tan agradecida… Un mes después recibí la llamada del médico de que estaba remitiendo el cáncer y estaba ganando esta batalla”, relata. Sin embargo, las brutales sesiones de quimio le afectaron emocionalmente y tuvo que lidiar con episodios de ansiedad y ataques de pánico que le hacían temer lo peor: no poder volver a jugar a fútbol.

Ése era su mayor miedo. “Todavía tenía que lidiar con las secuelas físicas y mentales que te deja el cáncer: mi cuerpo tenía que reconstruirse literalmente al haber perdido mucho músculo, lo cual era doloroso. Fue un proceso largo y que mentalmente me dejó muy desgastada y casi sin fuerzas”, relata. Su mayor motivación era poder regresar a los terrenos de juego para disputar el Mundial, lo que le empujaba a levantarse cada mañana para seguir luchando.

Tras recibir por fin el alta médica, regresó a Melbourne y poco a poco volvió a ponerse en forma. Aprendió la lección de “ser capaz de sacar lo positivo de cualquier situación que se te ponga por delante, sea terrible o sea buena, y estar agradecida por lo que tenemos”. Estas armas las quiere usar para llevar a Nueva Zelanda lo más lejos posible en el Mundial




Source link