En la cuerda floja

Una pena. El mejor primer tiempo de la Liga en La Cerámica y no podemos hablar de fútbol. Cuestión de asambleas. No, no y no, como San Pedro negando a Cristo la noche de autos.

El pueblo compromisario habló claro. Ni balance 2020, ni presupuesto 2021, ni proyecto de grada de animación. Ni una semana gratis al Caribe, si llegan a proponerlo. Cuestión de política, de gobernanza, de democracia o de puro navajeo vengador. No lo sé. Es lo que hay. Cada socio, un voto. O no tanto.

Se veía venir. Los compromisarios, con los bares cerrados, bebieron de las redes sociales. Cóctel molotov en garrafa. Fuego puro. Los alrededores de La Bastilla en 1789 eran una merienda campestre con niños comparado con las webs futboleras. A las trincheras era el llamamiento de los grupúsculos de interés diverso surgidos en torno al Athletic.

¿Objetivos? Dispares. Desahogo personal, ganas de dar la nota, obtención de prerrogativas, parcelas de poder… Todo vale para protestar. Viejas rencillas, promesas incumplidas, molestias reales y ficticias, resultados deportivos inferiores a la Champions, sinsabores con el cocinero, miradas retadoras del director deportivo o hasta el pesado del cuñado a la mesa de Navidad. Todo cuenta en este Club tan especial. Incluso buscar su mejora, que alguno habrá.

Los compromisarios, elegidos en su mayoría en la época de
Urrutia
, apretaron el cuello a la directiva. No, no y no. Dios aprieta, pero no ahoga, dicen. Habrá que comprobarlo en la Asamblea extraordinaria. La directiva se encuentra en una situación de extrema fragilidad. Los dineros son los que son. La tropa puede ganar partidos.

Ni la pandemia ha servido de bálsamo reparador. Más leña al mono. ¡Ay Athletic, cuánto has “cambiau”.


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