Koeman: “El rendimiento de Messi podría ser mejor”


Arranca la Champions este martes con LaLiga paralizada por las derrotas del Madrid, Barcelona y Sevilla en vigilias del clásico del sábado en el Camp Nou. Los representantes españoles ya no cuentan en los pronósticos ni en las apuestas como favoritos a un título continental que se decidirá el 29 de mayo en el estadio olímpico Atatürk de Estambul, el escenario del famoso Liverpool-Milan de 2005 y la sede designada para la final de 2020 finalmente trasladada a Lisboa.

La candidatura del Madrid, hegemónico con 13 títulos, ganador de cuatro de los cinco trofeos desde 2013 a 2018, está bajo sospecha después de quedar eliminado en octavos de las dos últimas ediciones ante Ajax y Manchester City. Aunque ganó LaLiga, el equipo de Zidane no se ha recuperado de la caída en el Etihad. Hoy parece un equipo desnaturalizado y desganado porque asume perder de forma resignada ante el Cádiz.

La cadena de derrotas del Barça ha sido tan sonora que compite prácticamente con el número de torneos conquistados: cinco. El recuerdo de Roma, Liverpool y Lisboa, y especialmente el 2-8 contra el Bayern, hipoteca cualquier proyecto, también el de un técnico moderno que intenta metabolizar el barcelonismo como Koeman. Messi es un jugador reclutado a la fuerza en un equipo cuya suerte depende de la cohabitación entre los jóvenes y los veteranos y por tanto de la asociación del propio Messi con Pedri y Ansu Fati.

Al Atlético se le teme por ser el peor de los adversarios, capaz incluso de eliminar la pasada temporada al anterior campeón, el Liverpool, y sin embargo no se le cuenta como un aspirante cualificado, posiblemente por su carácter derrotista en las tres finales disputadas, mientras que el Sevilla todavía necesita ganarse en la Liga de Campeones el respeto adquirido en la Liga Europa, competición que domina con seis títulos, vencedor de la última edición ante el Inter.

El calcio, la Premier y la Bundesliga generan más fichajes y noticias futbolísticas, que no sociales ni económicas que LaLiga, atrapada por la pérdida de jerarquía de sus clubes clásicos y la falta de figuras que marquen diferencias desde la partida de Cristiano y la melancolía de Messi.

El fútbol español está en una sala de espera, pendiente de que despeguen jugadores como Hazard, Odegaard, João Félix o Ansu Fati y Pedri, la generación dispuesta a convivir con leyendas como Sergio Ramos, Piqué, Busquets y Navas, después del ensimismamiento del grupo liderado por Isco. Hay mucha incertidumbre desde que Florentino se ocupó de embellecer el estadio mientras aguarda a Mbappé.

La suerte del PSG depende de los biorritmos de Neymar, de la misma manera que las aspiraciones del City de Guardiola están condicionadas por el acoplamiento de sus centrales Aké y Rubén Dias y la suerte del Liverpool queda a expensas de la recuperación de Van Dijk —será operado de la rodilla derecha y estará de baja varios meses—, después de mejorar con Thiago. Y ya se sabe que no hay equipo con más autoestima ni capacidad de adaptación que el Bayern, triunfador en Lisboa y reforzado por Sané.

La inversión disminuyó un 40% respeto al año pasado pese al esfuerzo del Chelsea, que cuenta con Havertz y Werner, y de la actualización de la Juve de Cristiano, entrenada por Pirlo. Tampoco hay que olvidar el esfuerzo del Dortmund por tener a Haaland. El enemigo común, sin embargo, es la covid-19, que amenaza al fútbol en un momento en que se invita a los equipos a jugar con un mucho ritmo, difícil de seguir por los españoles, perjudicados además porque los estadios siguen cerrados al público cuando la Champions permite un aforo del 30%. Nada juega a favor de LaLiga.


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