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Negociar con Irán

Un ejemplar del diario iraní 'Shargh' en el que figura una foto del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, y el titular "No al populismo", en un quiosco en Teherán, (Irán), el pasado noviembre.
Un ejemplar del diario iraní ‘Shargh’ en el que figura una foto del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, y el titular «No al populismo», en un quiosco en Teherán, (Irán), el pasado noviembre.ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca con la declarada voluntad de regresar al acuerdo nuclear abandonado por su predecesor despertó esperanzas no sólo en Irán. La Unión Europea, que medió activamente para lograr aquel pacto en 2015, ha vuelto a ofrecer sus buenos oficios para facilitar el contacto directo de la República Islámica con Estados Unidos, cuya retirada tres años después dejó el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC) en agua de borrajas.

Existe un amplio consenso sobre el fracaso de la política de máxima presión de Trump. No sólo el régimen iraní ha sobrevivido a las durísimas sanciones que le impuso, sino que los 102 kilos de uranio enriquecido (el material que sirve de base para fabricar armas atómicas) que tenía hace cuatro años se han convertido en 2,5 toneladas. Cualquier esfuerzo por volver a meter al genio en la botella merece apoyo. Pero el empeño no va a ser fácil no sólo por el trabajo perdido, sino porque EE UU desea ampliar el acuerdo para incluir el programa de misiles y el apoyo iraní a grupos afines en los países vecinos.

Irán ha respondido con desaire a los primeros gestos de la Administración Biden. Hay una parte de postureo, pero también cierto sentimiento de superioridad moral. Si EE UU rompió el pacto, debe ser el que lo repare levantando las sanciones, argumentan las autoridades iraníes. De ahí su ultimátum de reducir la cooperación con los inspectores de la ONU a partir de la próxima semana. El problema es que ellos también están en falta.

Como respuesta al desplante de Trump, Teherán ha llevado a cabo un calculado desafío con un goteo de incumplimientos a los compromisos que adquirió al firmar el acuerdo. Ninguno de ellos es tan grave como para desatar el mecanismo de resolución de disputas del PIAC, pero poco a poco han vaciado de contenido el acuerdo.

Romper el círculo vicioso no es imposible, pero la desconfianza recíproca complica la tarea en la que se afanan los firmantes europeos. Su esfuerzo mediador debe empezar por reconocer los incumplimientos de ambas partes. Antes de dar pasos significativos, hacen falta muestras de buena voluntad por los dos lados. Irán podría empezar por rebajar su retórica incendiaria y controlar a los grupos que apadrina, en especial las milicias que hostigan a las fuerzas norteamericanas en Irak. Estados Unidos tiene que permitir algún alivio económico (desbloquear fondos iraníes en el extranjero o un préstamo del Fondo Monetario Internacional), pero sobre todo aclarar si quiere recuperar el PIAC primero, o si va a presionar por un acuerdo más amplio desde el principio.

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Neto

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