EL PAÍS

Francia, Alemania y Estados Unidos aceleran su apoyo bélico a Ucrania con el envío de carros de combate

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Olaf Scholz (izquierda) y Emmanuel Macron, el pasado octubre en París.picture alliance (dpa/picture alliance via Getty I)

Ha saltado un tabú. Francia y Alemania han decidido esta semana enviar carros de combate a Ucrania por primera vez desde la invasión rusa en febrero de 2022. Con este anuncio —casi simultáneo pero no del todo coordinado—, París y Berlín abandonan sus reticencias a la entrega de este tipo de armamento y subrayan su compromiso con Kiev. Los temores de hace unos meses ante una posible fatiga bélica en Europa, que habría llevado a abandonar el apoyo al país agredido, se han disipado totalmente en este Año Nuevo con la aceleración de la ayuda militar.

El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el miércoles que Francia daría un número indeterminado de carros de combate ligeros AMX-10 RC. Al día siguiente, el canciller alemán, Olaf Scholz, anunció tras una conversación telefónica con el presidente de EE UU, Joe Biden, que enviaría unos cuarenta carros Marder, según algunos medios. Washington enviará medio centenar vehículos de combate Bradley.

Hay un debate entre algunos expertos sobre si estos vehículos en rigor pueden denominarse tanques, pero el anuncio supone un cambio cualitativo en el apoyo de las principales potencias occidentales a Ucrania. Y es una señal contundente de la confianza de estos países en la capacidad de Ucrania para frenar una nueva ofensiva rusa y recuperar más territorio perdido.

“Es un verdadero cambio de rumbo para Europa, y para Estados Unidos también”, dice al teléfono François Heisbourg, consejero del laboratorio de ideas Fondation pour la Recherche Stratégique. “He aquí que los tres principales países han decidido que era una buena idea tener armas que dan a Ucrania una movilidad en el campo de batalla y con aparatos relativamente modernos y de concepción occidental. Fue un muy mal día para Rusia”, explica.

Tanto los AMX-10 RC franceses como los Marder alemanes y los Bradley estadounidenses son vehículos concebidos en los años setenta y ochenta, en plena Guerra Fría, para enfrentarse a los tanques soviéticos en las llanuras de Europa central en caso de que estallase la III Guerra Mundial. Ahora servirán para las mismas funciones —frenar un ataque ruso—, pero cuatro décadas después.

“Hasta la victoria, hasta el retorno de la paz en Europa, nuestro apoyo a Ucrania no se debilitará”, escribió Macron tras conversar el miércoles con su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, y confirmarle el envío de carros de combate ligeros, los primeros de fabricación occidental —junto a los alemanes y estadounidenses— que recibirá Ucrania en esta guerra.

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Desde las semanas posteriores a la invasión, Macron afrontó críticas en Ucrania y en los países del flanco oriental de la Unión Europea por pedir que no se “humille” a Rusia al final de la guerra o “garantías de seguridad” para este país el día que lleguen las negociaciones. El envío de los tanques y las declaraciones sobre la victoria de Ucrania puede disipar esta impresión.

Alemania venía siendo muy cauta con la entrega de vehículos pesados porque consideraba que su llegada al campo de batalla podría leerse como una escalada. Por eso, Scholz, al anunciarlo, insistió en que la decisión se había tomado “en estrecha coordinación con [sus] socios internacionales”.

Descoordinación

París y Berlín, sin embargo, no han podido evitar dar una imagen de descoordinación. Que Macron se haya adelantado un día, se ha entendido en algunos círculos en Berlín como otra muestra más de las malas relaciones entre ambos líderes. Tras conocerse que París se disponía a enviar blindados occidentales, los medios empezaron a publicar una cascada de análisis que proclamaban, como el del semanario Die Zeit, que “a Alemania se le acabaron las excusas”. Con Francia y Estados Unidos, los dos socios más importantes de Berlín, anunciando la entrega de tanques, quedaban pulverizadas, y el argumento de “no se debe actuar en solitario”, obsoleto.

La imagen que ha dado Alemania una vez más es la de actuar solo bajo presión extrema desde el exterior y cuando no le queda más remedio. “Es un patrón: los socios marcan el camino, nosotros los seguimos”, aseguró Jana Puglierin, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) en una entrevista con la televisión pública. La pregunta que resuena en Berlín es por qué, si se trata de una estrategia coordinada, lo anunció en solitario Macron un día antes.

La decisión, en todo caso, entierra los temores a que un invierno frío y con crisis económica empujaría a los europeos a reducir su ayuda a Ucrania si la guerra se alargaba. La fatiga bélica no ha afectado a los alemanes, que siguen mostrando el mismo grado de apoyo a la ayuda a Ucrania. Las encuestas de la televisión pública ZDF preguntan concretamente si están dispuestos a sufrir las consecuencias económicas de ese apoyo, en forma de precios altos de la energía, y un 74% dice que sí.

El debate ahora es si Francia, Alemania y EE UU responderán a la petición de Zelenski para que envíen tanques más potentes y eficaces en el campo de batalla como los Leopard alemanes. En Berlín hay consenso en que solo es cuestión de tiempo que caiga el próximo tabú: los modernos carros de combate alemanes Leopard 2.

Los Marder son vehículos blindados para el transporte de tropas en el campo de batalla; los Leopard son potentísimas armas ofensivas que muchos analistas consideran clave para que el éxito en combate caiga del lado del ejército ucranio. Durante meses, Kiev ha pedido desesperadamente a Berlín la entrega de ambos, pero el Gobierno alemán no se decidía y llegó a diseñar un plan para suministrar los Leopard junto con otros países europeos, nunca en solitario.

Para evitar la vía directa, Berlín se ha dedicado hasta ahora a impulsar lo que ha llamado un intercambio circular: el envío de tanques de fabricación soviética desde países aliados del este de Europa que después sustituye con vehículos modernos de la Bundeswehr o directamente de las existencias de los fabricantes alemanes. Así lo ha hecho por ejemplo con la República Checa.

La doctrina occidental, en los primeros meses de la guerra, había consistido en no enviar armas ofensivas a Ucrania para evitar acabar viéndose arrastrados al conflicto como una de las partes beligerantes. El envío de los carros deja congelada esta doctrina.

“Unos y otros, incluso Macron, han entendido que el presidente Putin no tiene ningún interés en negociar y que Rusia no tiene prisas para negociar en condiciones que sean vagamente realistas”, dice Heisbourg. “Así las cosas, lo mejor es reforzar la correlación de fuerzas en favor de Ucrania”, añade.

Otro motivo de Francia y Alemania para acelerar la ayuda militar a Ucrania es que las amenazas de Putin para disuadir a Occidente de implicarse más en el conflicto no han resultado creíbles, según este experto. Putin esgrimió de forma más o menos velada la amenaza nuclear, pero cuando Ucrania recuperó Jersón —anexionada unas semanas antes por Rusia y, desde el punto de vista de Moscú, territorio ruso— no pasó nada.

“Las líneas rojas que Rusia ha trazado no son líneas rojas”, dice Heisbourg. “Putin traza líneas rojas pero no las aplica”.

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